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ROMEO

JULIETA.

Si te encuentran, te matarán.

ROMEO.

Más homicidas son tus ojos, diosa mia, que las espadas de veinte parientes tuyos. Mírame sin enojos, y mi cuerpo se hará invulnerable.

JULIETA.

Yo daria un mundo por que no te descubrieran.

ROMEO.

De ellos me defiende el velo tenebroso de la noche. Más quiero morir á sus manos, amándome tú, que esquivarlos y salvarme de ellos, cuando me falte tu amor.

JULIETA.

¿Y quién te guió aquí?

ROMEO.

El amor que me dijo dónde vivias. De él me aconsejé, él guió mis ojos que yo le había entregado. Sin ser nauchero, te juro que navegaria hasta la playa más remota de los mares por conquistar joya tan preciada.

JULIETA.

Si el manto de la noche no me cubriera, el rubor de vírgen subiría á mis mejillas, recordando las palabras que esta noche me has oido. En vano quisiera corregirlas ó desmentirlas... ¡Resistencias vanas! ¿Me amas? Sé que me dirás que sí, y que yo lo creeré. Y sin embargo podrías faltar á tu juramento, porque dicen que Jove se rie de los perjuros de los amantes. Si me amas de veras, Romeo, dilo con sinceridad, y si me tienes por fácil y rendida al primer ruego, dímelo