Página:Dramas de Guillermo Shakespeare.djvu/77

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DE VENECIA.

vieja para aprender; y otra aún mejor, que no fué tan mala mi educación primera que no pueda aprender. Y aun tengo otra felicidad mejor, y es la de tener un corazón tan rendido que se humilla á vos como el siervo á su señor y monarca. Mi persona, y la hacienda que fué mia, son desde hoy vuestras. Hace un momento era yo señora de esta quinta y de estos criados, y de mí misma, pero desde ahora yo y mi quinta y mis criados os pertenecemos. Todo os lo doy con este anillo. Si algún dia le destruís ó perdéis, será indicio de que habéis perdido mi amor, y podré reprenderos por tan grave falta.

BASANIO.

Señora, me habéis quitado el habla. Sólo os grita mi sangre alborotada en las venas. Tal trastorno habeis producido en mis sentidos, como el tumulto que estalla en una muchedumbre cuando oye el discurso de un príncipe adorado. Mil palabras incoherentes se confunden con gritos que no tienen sentido alguno, pero que expresan un júbilo sincero. Cuando huya de mis dedos ese anillo, irá con él mi vida, y podréis decir que ha muerto Basanio.

NERISSA.

Á nosotros, mudos espectadores de tal drama, sólo nos toca daros el parabién. Sed dichosos, amos y señores mios.

GRACIANO.

Basanio, señor mio; y tú, hermosa dama, disfrutad cuanta ventura deseo para vosotros, ya que no ha de ser á mi costa. Y cuando os preparéis á cerrar solemnemente el contrato, dadme licencia para hacer lo mismo.

BASANIO.

Con mucho gusto, si encuentras mujer.