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EL MERCADER

PÓRCIA.

¿Sois vos Sylock?

SYLOCK.

Ese es mi nombre.

PÓRCIA.

Raro litigio tenéis: extraña es vuestra demanda, y no se os puede negar, conforme á las leyes de Venecia. Corre mucho peligro vuestra víctima. ¿No es verdad?

ANTONIO.

Verdad es.

PÓRCIA.

¿Confesais haber hecho ese trato?

ANTONIO.

Lo confieso.

PÓRCIA.

Entonces es necesario que el judío se compadezca de vos.

SYLOCK.

¿Y por qué? ¿Qué obligación tengo? Decídmelo.

PÓRCIA.

La clemencia no quiere fuerza: es como la plácida lluvia del cielo que cae sobre un campo y le fecunda: dos veces bendita porque consuela al que la da y al que la recibe. Ejerce su mayor poder entre los grandes: el signo de su autoridad en la tierra es el cetro, rayo de los monarcas. Pero aún vence al cetro la clemencia, que vive, como en su trono, en el alma de los reyes. La clemencia es atributo divino, y el poder humano se acerca al de Dios, cuando modera con la piedad la justicia. Hebreo, ya que pides no más que justicia, piensa que si sólo justicia hubiera, no se sal-