Página:ECH 1990 2 - Aguirre Cerda, Pedro, Presidencia de.djvu/10

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y que, de ninguna manera, el Señor Alessandri debía hacer entrega del Mando. Nadie sabe que pensamientos cruzaban por la mente del Señor Alessandri en aquellas horas. Su temperamento aunque arbitrario en ocasiones, era fundamentalmente democrático y ello permite presumir que, en principio, no debió inclinarse a ninguna medida anticonstitucional. Era demasiado perspicaz, por lo demás, para no darse cuenta, en un momento en que su razón no estuviera obnubilada por el apasionamiento, de las consecuencias desastrosas que le acarrearían a él y el país, actitudes contrarias a la decisión de un pueblo que, como nunca, se sentía dueño de un legítimo triunfo.

Austeridad republicana. El Ministro del Interior Don Luis Salas Romo, al conocer los resultados generales de la elección cerca de las diez de la noche, entrega un comunicado que contiene las cifras oficiales que testimonian la mayoría obtenida por el Señor Aguirre. Por su parte el Ministro de Relaciones Exteriores Don Luis Arteaga al día siguiente del plesbicito comunica el mismo resultado a las Embajadas y Legaciones de Chile en el exterior, medidas que le confieren al triunfo una validez nacional e internacional que no era posible destruir. Los gestos de ejemplar austeridad de ambos ministros, fueron decisivas respecto a la consistencia legal del acto eleccionario del 25 de Octubre de 1938.

A las pocas horas, el nuevo gobierno es reconocido por todas las naciones del Continente y de Europa, las que envían delegaciones y embajadas para el acto de la transmisión del Mando, que alcanza gran solemnidad.

Maniobras Derechistas. De esta manera se pone termino a las tentativas de la Derecha vencida a que el Señor Alessandri no hiciera entrega del Mando al Presidente Electo o para que, en último caso, en señal de protesta, el Señor Alessandri delegara en otra persona el encargo de cumplir con el rito democrático y constitucional de la transmisión de los símbolos tradicionales.

La Derecha, acordó no concurrir a la ceremonia de la entrega del Mando en el Congreso Nacional, la que se verificó en medio de las bancas vacias de los Parlamentarios liberales y conservadores.

Alegría popular. El pueblo, confuso, ingenuo, no atinaba a comprender el senti-