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EL CARDENAL CISNEROS.

XI.

Cisneros, sin preocuparse de la oposición que se le hacia, sordamente á las veces y á las claras otras, tranquilo en su conciencia, seguro de la bondad y rectitud de sus propósitos, seguia adelante en sus planes de reforma, que tuvo la fortuna de ver realizados, bien que recogiendo abundante cosecha de disgustos.

Consagrado Arzobispo de Toledo, el Cabildo de su Catedral comisionó á dos de los principales canónigos para que le felicitaran en su nombre. Agradeció Cisneros la prueba de cortesía; pero pasando después á hablar del estado de la diócesis, les anunció algunos de sus proyectos de reforma, entre los cuales figuraba el de que los Canónigos que vivían en sus casas, léjos unas de otras, se fuesen acercando, y se redujesen, cuanto les fuera posible, á una misma comunidad, al propio tiempo que los de semana que estaban destinados al Altar y á los 0ficios, quedasen en el recinto de la Iglesia, durante el tiempo de sus funciones, á fin de estar más recogidos, para lo cual les fabricaria digno alojamiento y procuraría todo género de comodidades.

Queria Cisneros que el clero de su Catedral se sujetase á la regla de San Agustin, por la cual debia de regirse, y que estaba no poco relajada, pues aunque tachemos de exageradas é injustas las noticias del Embajador veneciano Navagiero, que nos pinta, algunos años después, á los buenos de los canónigos de la imperial Toledo habitando suntuosas casas, siendo especialmente favorecidos de las damas, y llevando una vida de comodidades y regalo, es lo