Página:El Cardenal Cisneros (02).djvu/17

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encontraba medio de cubrir el déficit que resultaba en el tesoro del Príncipe, y parecia axiomático aun á los embrionarios financieros de aquellos dias no suprimir contribución, por odiosa é injusta que fuese, sin procurarse iguales rendimientos por otro lado, ya por la oposición de los Grandes que cobraban gruesas asignaciones de estos fondos, lo cual no dejaba de ser una razón de bastante peso para la Nobleza, ya porque podian ser levadura de revueltas y embarazo para el Gobierno la multitud de oficiales que cobraban sus sueldos del producto de las alcabalas y el enjambre de empleados que quedaban sin empleo si aquellas se suprimían, lo cual era también harto grave, sobre todo para los últimos.

Malo era, sin embargo, que Cisneros se hubiese declarado tan abiertamente contra las Alcabalas, porque no era de esos caracteres volubles y tornadizos que retroceden apenas despunta la más pequeña oposición á sus proyectos, y que se connaturalizan con todos los vicios y abusos, cuando no los explotan, con tal de gozar tranquilamente el favor y vivir en paz con los poderosos.

El Arzobispo hizo venir de Vizcaya á D. Juan López, el hombre más entendido en cuentas de aquellos dias, y se entregó con él á un asiduo trabajo para encontrar el modo de sustituir, reformar ó abolir el impuesto de las Alcabalas. El financiero, más atento á la forma que al fondo, como todos los hombres de cuentas, propuso su plan, que se encaminaba principalmente á hacer el impuesto menos odioso en su exacción, pues apreciando el total de sus rendimientos, los venia á repartir entre todos los pueblos, y dentro de cada pueblo entre todos los gremios de mercaderes y artesanos, de modo que los libraba de la trailla de los sabuesos oficiales, debiendo aquellos entregar la parte que á cada uno correspondía á los recaudadores y tesoreros de la Corona, á quienes se conferia este encargo mediante una gratificación. Más lejos iba Cisneros en su plan, atento, como verdadero hombre de Estado, más al fondo que á la forma de las cosas, pues calculando el rendimiento total del impuesto y los gastos de su exacción, más los sueldos de los oficiales que los tenian asignados sobre aquel (los cuales cobraban tarde y mal), dedujo que, destinados estos oficiales á un servicio activo, y suprimido el importe de la recaudación, podra reducirse á una mitad el impuesto, con lo cual la reforma seria verdaderamente fecunda, aliviando al pueblo y favoreciendo el comercio, la agricultura y las artes, cuyos florecimientos siempre son en bien