Página:El Cardenal Cisneros (02).djvu/18

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del Príncipe y de su Hacienda; cuando de lo contrario, es decir, de mantener las alcabalas en la cifra antigua, por mucho cuidado que se pusiese en su recepción, siempre vendría á caerse en los vejámenes y en los fraudes que se querían remediar.

Dio cuenta Cisneros á la Reina del resultado de sus trabajos, y habiendo obtenido la soberana aprobación, lo cual no era difícil de conseguir, pues todas sus grandes distracciones consistían en procurar el bien de sus pueblos, vedándose rigorosamente las frívolas ó livianas disipaciones tan naturales en su sexo, llevó su plan al Consejo de Ministros, como diríamos hoy. Allí encontró su proyecto viva y ardiente oposición, la misma oposición con que tienen que luchar por parte de los que son grandes á la sombra de los abusos, todos los regeneradores de los pueblos y todos los bienhechores de la humanidad. «No hay innovación en los pueblos que no sea peligrosa.» «El hábito lo hace todo en las naciones.» «Castilla está ya acostumbrada á la alcabala y al modo de hacerla efectiva.» «Es arriesgado hacer ricos á los pueblos, porque se hacen emprendedores y atrevidos.» «Una exigencia trae otra, y así no se acaba nunca.» Estos lugares comunes de todas las tiranías, estos rancios axiomas de todas las oligarquías y de todos los despotismos que tienden á sistematizar el embrutecimiento, la degradación, la pobreza y el malestar del pueblo, fueron expuestos en el Consejo por los Grandes, por el Duque de Alba, por el Duque del Infantado, por el Duque de Béjar, por el Señor de la Cueva. Pero aunque Cisneros nada tenía de liberal, como lo prueba el favor que siempre dispensó á la Inquisición, su conducta con los Moros de Granada, su afición al despotismo militar, pues solía decir que un Príncipe debe confiar principalmente en su ejército para asegurarse el respeto y obediencia de sus súbditos [1] y su repugnancia á convocar Córtes, porque creía que la libertad de hablar, especialmente de los agravios propios, hacia al pueblo atrevido é irreverente con sus superiores [2], tenía ideas más claras de Gobierno, nociones más ilustradas de justicia que aquellos Grandes, y podía pasar muy bien por el gran revolucionario de aquellos tiempos, pues se propuso y consiguió, bien que con menos violencia y

  1. Gómez.— De Rebus Gestis, fól. 95.
  2. Id. fól. 194. — Nulla enim re magis populas insolescere, et irreverentiam omnen eshibere, quam cum libertadem loquendi nacti sunt, et pro libidine, mas vulgo jactant querimonia.