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El Cardenal Cisneros

visitaron; no hubo nadie que no ambicionara la honra de saludarle y hablarle. Recibía á todo el mundo, pero daba su valor al tiempo, y sabía despedir á tiempo á los importunos. Grave en el decir, preciso en su lenguaje, cuando daba por terminado el negocio de que se le hablaba y para huir de las conversaciones frivolas ó de las fatigosas adulaciones á que se entrega todo pretendiente, acudia á un recurso ingenioso para despedirlo, cual era ponerse á leer en una Biblia que tenía constantemente abierta sobre su mesa. En cambio, si era avaro de palabras, era pródigo en limosnas. Muchas, infinitas eran las demandas de los pobres: ninguno se quedó sin su donativo, grande ó pequeño, segun se conceptuaban sus necesidades.

Dadivoso y magnífico, dio á todas las parroquias y monasterios de la ciudad cuanto necesitaban para el mayor esplendor del culto divino.

Severo y justo en la repartición de gracias, proveyó los beneficios vacantes en pobres eclesiásticos que se distinguían por su modestia y por su mérito, prefiriéndolos con frecuencia á los mismos que tenía á su lado.

Emprendedor y activo, al propio tiempo que expedía vários decretos para el clero de su diócesis en lo espiritual, embellecía materialmente el coro de su Catedral, demoliendo una capilla que le privaba de luz, y en la que se conservaban los restos de antiguos Reyes y Príncipes, los cuales tradadó á entrambos lados del altar mayor.

La ciudad de Toledo estaba orgullosa de poseer á tal Prelado, y ofreció ricos presentes á su iglesia. Cisneros, por su parte, tenía para con todos, y singularmente para con los necesitados, una generosidad inagotable. Habia una corriente de simpatía entre el pueblo y su Obispo, que nada podía ya debilitar. El día de la marcha para Alcalá toda la ciudad salió á despedirle. La nobleza, el clero, los magistrados, la muchedumbre, todos acudieron á Palacio, y para desvanecer la ola, siempre renovada y creciente de pobres socorridos que temían ver partir á su Providencia, fué necesario arrojarles á puñados de dinero, á fin de que mientras se ocupaban de recogerle dejaran libre el paso á la comitiva.