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EL CASAMIENTO DE LAUCHA

—¿Y yo también soy de los que no sirven? -¡Oh!, ¡usted no!— mé contestó mirándome á los ojos.

—¿Y entonces? ¿no le dijo mi amigo el repartidor?...

—Sí, son cosas que se dicen, y después...

—Pues mire, señora, lo que es yo, trabajaría con usted, no digo por esa plata... hasta por mucho menos... Estoy cansado de andar rodando... Lo que tiene, que no traigo recomendaciones... ni tengo en el Pago más conocido que el repartidor...

Doña Carolina me volvió á mirar un rato, sin abrir la boca, como para verme las intenciones en la cara. Yo no soy un buen mozo, ya lo sé, pero tengo algo, algo que me hace simpático, sobre todo á las mujeres; ¿Se ríen? ¡Oh!... pues sí yo les contara... El caso es que á doña Carolina le debí parecer buen muchacho, porque en seguida me dijo:

—Si fuera sólo por eso de las recomenda-