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EL CASAMIENTO DE LAUCHA

Chico. Casémonos, pero sin fiesta, que para fiesta bastante somos los dos...

—¿Y de ahí?—me preguntó medio alarmada.

—¡Mira! Arreglamos con el cura Papagna la dispensa de las amonestaciones; viene aquí mismo, nos casa, con algún vecino, ó el mismo ño Cipriano, y una amiga de confianza, de padrinos, y después, cuando todo el mundo sepa y se haya acostumbrado, si se nos antoja, podemos dar cuanta farra se nos dé la gana, sin que nadie se ría de nosotros, ni ande con habladurías, ni levantadas...

—¡Hace lo que queras!—me dijo por fin la grínga, que estaba más contenta que cuzco recién desatado.—Con tal de que nos case el cura, y nos eche la bendición adelante de los padrinos, á mí no me importa nada. ¡Hacé lo que querás!...