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EL JARDÍN DE LOS CEREZOS

—Los eclipses proceden de que la Luna, recorriendo la elíptica, se coloca en la línea sobre la cual coinciden el Sol y la Tierra.

—¿Y qué es la elíptica?

Yo se lo explico. Masdinka me escucha con atención, y me pregunta:

—No es posible ver, mediante un vidrio ahumado, la línea que junta los centros del Sol y de la Tierra?

—Es una linea imaginaria—le contesto.

—Pero si es imaginaria—replica Masdinka—, ¿cómo es posible que la Luna se sitúe en ella?

No le contesto. Siento, sin embargo, que, a consecuencia de esta pregunta ingenua, mi hígado se agranda

—Esas son tonterías—añade la mamá de Masdinka—;nadie es capaz de predecir lo que ocurrirá. Y además, usted no estuvo jamás en el cielo. ¿Cómo puede saber lo que acontece a la Luna y al Sol? Todo ello son puras fantasías.

Es cierto, la mancha negra empieza a extenderse sobre el Sol. Todos parecen asustados; las vacas, los caballos, los carneros con los rabos levantados, corren por el campo mugiendo. Los perros aúllan. Las chinches creen que es de noche y salen de sus agujeros, con el objeto de picar a los que hallen a su alcance. El vicario llega en este momento con su carro de pepinos, se asusta, abandona el vehículo y ocúltase debajo del puente; el caballo penetra en su patio, donde los cerdos se comen los pepinos. El empleado de las contribuciones, que había pernoctado en la casa vecina, sale en paños menores y grita con voz de trueno: