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nos imitan en algo á los mestizos respecto de su carácter; pero sobrepujan aquellos á éstos en ser mas corteses, mas listos, mas reservados y de peor intención. Son, digámoslo asi, los judíos de Filipinas, ó los que esplotan realmente el pais.

Es verdad que los indios y mestizos todos son propensos á la holgazanería, por efecto sin duda de los rigores de un clima tan caluroso, y todos adolecen del vicio del juego, que es su pasión favorita. No hay indio ni mestizo que en las fiestas de los pueblos no acuda a jugar docenas de pesos á las cartas y en la gallera. Las riñas de gallos en Filipinas, son tan corrientes, que no saben pasar sin ellas los naturales del pais, y las prefieren á toda otra diversión. Por este motivo, hay gallo que vale 100 y 200 pesos, para pelear, porque al dueño del mismo, le ha costado infinita paciencia criarlo, hacerlo reñidor, y porque es de buena sangre. El juicio del público le da muchas veces mas valor, cuando cree que, es mas valiente y que vence.

Hay indias que juegan con doble calor y afición que los hombres. En la provincia de Cavile, se enumeran algunas, y se cuentan también en el pueblo de mas indias puras y mestizas verdaderas, de escelente tipo. De estas últimas las hay hijas de español, de bella estatura, cara blanca, ojos pequeños y negros, nariz chata, labios no pronunciados, boca pequeña, dentadura hermosa, manos y pies blancos y bonitos, y lino pelo negro. Las que son de una fortuna regular, visten camiseta de pifia con ricos bordados, ancha y holgada basta la cintura, pañuelo de tres picos, llamado candonga, también de pina y bordado, prendido en el pecho con un alfiler de brillantes, saya de muaré, chinelas de terciopelo de color bordadas con hilo de oro, peineta también de oro, con brillantes, aretes de idem idem, clavos en la cabeza de ídem ídem, rosario de oro con perlas finas pendiente del cuello, y varios anillos de piedras preciosas en los dedos de las manos. La sombrilla y el moquerilo bordado de piña, también en la mano, forman el conjunto del elegante y vistoso traje de la mestiza. Su trato en sociedad es algún tanto candoroso, dulce y amable, y el privado suele ser apasionado, celoso y ardiente. Hablan bien el castellano, pero es sensible que muchas de ellas no pierdan la estraña y fea costumbre do comer la morisqueta y otras viandas con los dedos de la mano, como lo practican las indias.

Las producciones que generalmente rinde el suelo filipino, son: hermosas maderas, palay para los animales, parecido en el grano á nuestro trigo, arroz de dos cosechas, abacá, café, (de éste, el mejor es el de Silan, en la provincia de Cavite) azúcar, cacao, aceite de coco, cañas ricas, piña, cajel ó naranja verde, limoncitos silvestres, manga esquisita, plátanos chicos, camote, que es una especie de patata, maiz, etc., etc. Las carnes de vaca, de carabao y de puerco, que ordinariamente se gastan en las mesas, suelen ser duras y bastas por lo regular, pero en cambio se comen finos pescados de mar.

El clima es sano, á pesar del escesivo calor que reina en él, y sólo la disenteria concluye con algunos europeos, cuando éstos observan un régimen de vida vicioso y desordenado. El agua que se. bebe, es la del cielo, conservada en aljibes, y la moneda que generalmente corre en Filipinas, es la de oro de cuatro pesos fuertes, el doblón de dos y el de uno. Los duros españoles circulan poco; los mejicanos algo mas, y las pesetas y medias pesetas columnarias, (que valen allí dos reales y uno respectivamente,) son las que sirven para el cambio, juntamente con la calderilla. Un real filipino, equivale a veinte cuartos españoles, y el peso importa 8 reales.

El chino, cuyo carácter liemos descrito, en parte, anteriormente, viste una camiseta ó chambra blanca suelta y encima del pantalón, de coco de espartero, cerrada con los botones y presillas que lleva en el costado de la misma, pantalón ancho de igual tela y de color, alpargatas cerradas de seda negra con suela recia y blanca, cuya punta es ancha y muy redonda; el pelojlo lleva rodeado á la cabeza y trenzado como las mujeres, con su payo ó abanico en las manos. Dicho traje es cómodo y fresco. (Justa sobremanera del chá ó té, y lo toma frió y sin azúcar, para percibir bien su sabor. Lo confecciona echando la hoja en un botijitn de barro encarnado lleno de agua muy caliente, el cual nunca lava ni enjuaga, en la inteligencia de que cuanto mas tiempo lleve sirviendo de esta manera, mejor ha de salir el chá que en él se haga. Asi es, que el chino toma el té muellísimo mas esquisilo ó delicioso, en nuestro sentir, que cuantos se prueban en los cafés y casas particulares de europeos. Uno de sus mayores goces es fumar anfión, (opio.) Trabaja sin descanso, y como tiene muy pocas necesidades que cubrir, consigue en poco tiempo ahorrar un capitalito, con el cual se vuelve á su pais, sin dejar el mas leve recuerdo de su existencia en Filipinas. Adora á Buda y Confucio, y sólo se hace cristiano cuando encuentra un escelento padrino que lo proteja.

(Se continuará.)

Bernabé E. Paña.

COSTUMBRES POPULARES.


LA FIESTA DEL REY CONGO.

En Santiago de Cuba, culta y poética capital del departamento oriental de la perla de las Antillas, conservan aun los negros muchas de las costumbres tradicionales de su raza. La mas estraña y chocante para el europeo, es la llamada Fiesta del rey Congo, que todos los años celebran pública y solemnemente el dia 6 de enero.

Halla el viajero tanta novedad y tanto contraste cuando ve representadas en las calles y plazas de la ciudad las ceremonias ó mogigangas de origen africano que constituyen dicha fiesta, mezcladas con la mas ridicula imitación de las que se usan en las córtes de Europa, que no puede menos de preguntarse atónito, ¿estoy en un pueblo civilizado, ó en el centro de Africa? ¿Es una grotesca mascarada lo que veo, ó una verdadera función Real?

Tal fue la impresión que esperimenté ante la característica y estupenda fiesta Real de los congos, que me sentí movido á adquirir datos históricos sobre su origen, y acerca de las razones que tiene el gobierno español para autorizarla, y dibujé inmediatamente un croquis del natural, que pudiera recordarme siempre aquellas escenas peregrinas representadas por negros de diversos tipos y naciones.

Reunidas ambas cosas, la reseña histórica y el dibujo, las dedico al ameno é ilustrado Museo Universal para su publicación, no dudando que los lectores de este periódico las verán con gusto, ya que tienen noticias de cómo se celebra el dia de Reyes en la Habana y en otras partes del departamento occidental de nuestra isla de Cuba.

Narraré sucintamente lo que con referencia al orígen de la citada fiesta he podido averiguar y consta en las crónicas del pais.

Hace muchos años se venia observando por los gobernadores de Cuba, que los negros esclavos formaban asambleas, reuniéndose en días festivos los de cada nación [1] para dar bailes y hacer ceremonias imitando las córtes de sus respectivos países. Los congos, que fueron siempre los mas numerosos, al par que los mas accesibles a civilizarse, llegaron á constituir cabildos [2] y á celebrar juntas, en las que elegían y nombraban un rey, príncipes y otras dignidades para gobernarse entre si. Estos altos funcionarios admitían y administraban los fondos con que hacían contribuir á los sócios para diversos objetos.

El 6 de enero de cada año era el dia en que celebraban la gran festividad clásica en honor de su patrono el santo rey Gaspar, empezando por tomar de sus fondos la cantidad necesaria para dar la libertad á un individuo de la congregación, lo cual verificaban por sorteo, y terminaban dando una función con las mismas ceremonias, bailes y regocijos de estilo en su pais. Esto se hacia por los congos; los carabalíes, los mandingas, macuas, gangas, lucumíes y en general los de todas las naciones, trataron de imitarlos bien pronto, pretendiendo competir y hasta superarlos en el lujo y ostentación de sus fiestas; lo cual vino á ocasionar cuestiones y hasta pleitos ruidosos, en términos de tener que intervenir la autoridad superior de la isla, para poner coto á los vuelos que iban tomando estas asociaciones; mas como por otra parte era necesario proceder con mucho tacto para no herir de frente las sencillas y tradicionales prácticas de una clase numerosa, que con su trabajo presta importantes servicios á las industrias de este suelo, oyendo antes la opinión de los hombres mas ilustrados y conocedores del pais, concedió dicha autoridad al bando congo la facultad de elegirse un jefe con el título honorífico de rey, y á su cabildo el privilegio de ocupar el lugar preferente en todas las funciones públicas. Este privilegio y aquel título, fueron confirmados por el rey don Cárlos IV, y como consecuencia de tan alta distinción, conservan todavía hoy la de ser los primeros que salen á saludar á la autoridad superior cuando visita á Santiago de Cuba.

El dia de Reyes fue siempre el fijado por la córte conga para celebrar la función regia que paso á describir, y lo haré á grandes rasgos, deteniéndome sólo en los detalles mas precisos para dar á conocer sus principales caracteres y para la mejor inteligencia del dibujo adjunto.

Desde la víspera del citado dia se reúnen los congos en el palacio de su soberano, donde tienen bailes que duran treinta y seis horas, lo cual no debe estrañarse sabiendo la estraordinaria afición de los negros á la danza, afición que raya en frenesí. El rey congo, engalanado con sus reales atavíos, preside estos bailes, sentado en su trono, que consiste en un sillón tosco, puesto sobre una mesa. Rodéanlo las princesas y damas de honor, que son otras tantas negras bembudas, caricaturescamente adornadas, las cuales abanican sin cesar á S. M. y le limpian el sudor.

Llegado el gran dia, y á la hora señalada, dispónese la comitiva y sale el rey de los congos procesionalmente de su palacio, precedido por su numerosa córte y seguido por su pueblo.

Forman la vanguardia las banderas de los cabildos con su correspondiente escolta de soldados, ridiculamente vestidos, precediendo á la comitiva de S. M. la bandera del rey congo, que es blanca con cintas rojas. Un funcionario, vestido de uniforme cerrado, sombrero tricornio y pantalón negro, hace las ceremonias de honor, volviéndose á menudo de cara al rey para saludarle con reverentes cortesías, al mismo tiempo que sostiene casi horizontalmente con ambas manos un bastón negro.

Rodean á S. M. los altos funcionarios ó ministros en trage de etiqueta, que consiste, en frac y pantalón negro, corbata blanca, cuello á la inglesa, sombrero de copa muy alto, banda generalmente de Cárlos III y una gran cruz de hoja de lata en el costado izquierdo. Sigue inmediato á ellos un grupo de mujeres indistintamente negras y mulatas, representando á las damas de honor. Entre éstas se distinguen algunas con bandas, que son las esposas de los ministros, á las que preside la reina conga, mujer de mas edad que sus compañeras y mas grave en su porte. Al grupo femenino precede también una bandera, distintivo del gremio, con muchos colorines y gallardetes.

En estremo animado es el séquito de damas, por el gracioso contoneo con que van bailando en todo el trayecto que recorren y la característica y monótona cantinela con que se acompañan en «loor de su soberano y á fin de regalar sus régios oídos.

Esta comparsa de faldas es también muy vistosa por los adornos con que se atavian las bronceadas ó ebúrneas matronas, no careciendo de cierto buen gusto el tocado de algunas. Gracias á las bellas cubanas que á porfía adornan á sus ahijadas con coronas de llores, lazos, anchos cinturones, cintas, bandas rojas, pañuelos de seda y puchas [3] en la mano.

El último rey congo vestia chaleco de seda morado, calzón color de rosa á media pierna, capa corta de un azul claro con borla de oro, zapatos de seda blancos con lazo y hebilla, encajes en la orilla del calzón, guantes blancos, espada ceñida, cetro dorado y una gran corona de farol dorada. Era bajo de cuerpo, grueso y algo viejo [4]. Su semblante sério, paciente y característicamente estúpido, parecía en esta última procesión muy preocupado del gran papel que iba representando. Cerrando la comitiva van las demás banderas y grupos de gente de color, que bulle y se agita ansiosa por acompañar el festejo. Dos filas de acompañantes con levita ó frac van formando calle, y la población blanca pulula aquí y allí, dirigiendo al cortejo Real miradas ya asombradas, ya risueñas y burlonas. Está el cuadro en medio de las calles de Cuba.

La música de tan singular procesión la forman los tambores llamados tumbas, hechos con troncos de árboles, á manera de colmenas; las pailas y cazuelas cubiertas con pellejo como las zambombas, y finalmente los cencerros y las marugas. Con tales instrumentos producen un ruido estridente y satánico, acompañado de aullidos salvajes.

El rey con su comitiva recorre asi las principales calles de la ciudad, dirigiéndose á la Plaza de Armas para saludar al gobernador. Este le hace entrar en la casa de gobierno y le dirige la palabra para cumplimentarlo por su fiesta, á lo que responde su magostad conga en un discurso pronunciado con la mas ceremoniosa y ridicula gravedad, pero como de un soberano á otro. El gobernador, después de obsequiarlo con refrescos, presencia desde los balcones los bailes que tienen lugar delante de palacio, y recibe las salutaciones de fórmula que le son dirigidas por la comitiva, que sigue luego su carrera triunfal sin detenerse ya hasta el palacio de su rey. Una vez allí, vuelve el congo á ocupar su trono y continúan los bailes y los cantos con nuevo vigor y de la manera mas desaforada que puede imaginarse, siguiendo las princesas en su tarea de echar fresco y limpiar el sudor grasiento que corre, sin cesar, por las mejillas del soberano: tan pesada y sofocante es la atmósfera de aquel cocito, á que dan los negros muy formalmente el nombre de estrados del palacio real. El congo soporta tranquilo las fatigas consiguientes á tanta ceremonia, tanta danza en torno suyo y tan infernal barahunda.

Mas que una fiesta de seres humanos, parece aquella una función de demonios.

La fiesta termina á la una de la noche con un banquete á usanza de los negros y la asamblea, y se disuelve al amanecer hasta otro año.

Para completar estos apuntes, diré que al morir el rey congo hacen sus funcionarios una parodia de lo. que se hacia á la muerte de un rey de Castilla. El lla-

  1. Nación llaman los negros de Africa a la provincia 6 departamento en que han nacido, y así se comprende que procediendo todos de un mismo pais haya entre ellos tantas nacionalidades. Cada nación pertenece a una raza y a una tribu diferentes, lo que está demostrado en la diversidad de tipos, en sus distintas costumbres domésticas y hasta en las maneras de su cuerpo.
  2. Llaman los negros cabildo á la reunión de altos funcionarios elegidos por ellos para representar sus tribus ó nacionalidades. Estos personajes visten para asistir a sus juntas y funciones, uniformes ridiculamente adornados con galones, placas, cruces y bandas.
  3. En la isla de Cuba llaman pachas a los ramilletes A bouquets de mano.
  4. Al remitir estas lineas he sabido que acaba de morir el ultimo rey congo que figurilla cu ln üVsLrqUe describen.