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ENEIDA.


CXXVI.

La cual del cielo rápida desciende,
Y ella misma las puertas rechinantes
Empuja, y los ferrados postes hiende.
Italia, al punto, adormecida en ántes,
En bélico furor toda se enciende:
Quiénes á pié se ensayan; arrogantes
Quiénes, en polvo envueltos, potros doman;
Ya todos piden armas, armas toman.

CXXVII.

Y á las hachas dan filo, y pulimento
A los lisos escudos y saetas;
Quieren banderas tremolar al viento,
Que el viento hieran voces y trompetas:
Renuevan, pues, al yunque el armamento
Cinco ciudades, á porfía inquietas:
Árdea, Atina potente, Crustumero,
Y Antena torreada y Tibur fiero.

CXXVIII.

Aperciben las cóncavas celadas,
De cabezas reparo; adargas nuevas
De varillas de sauce conformadas,
Y corazas metálicas y grevas,
Hecho el argento láminas delgadas;
Y nadie ya ni en hoces ni en estevas
Ocupa el pensamiento; que humillado
Yace yse esconde el arte del arado.