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VIRGILIO.


CXLVII.

Y los que á Cáles dejan y las bravas
Satículas guaridas, y el asiento
Que tú, Volturno, con tus ondas lavas;
Llegan al par los Oscos ciento á ciento:
Todos redondas y erizadas clavas
Prendidas llevan con flexible amiento:
Adarga que la izquierda cubre enseñan
Y el corvo alfanje con que en lid se empeñan.

CXLVIII.

Ni á tí en mis versos dejaré en olvidó
En la ninfa Sebétide engendrado,
Ebalo, por Telon, cuando adquirido
Hubo de los Telebos el reinado,
Y en Cáprea, anciano ya, sentó su nido.
Estrecho el hijo en el paterno estado,
A los campos Sarrastes le dilata,
Y á los llanos tambien que el Sarno trata.

CXLIX.

Y de Bátulo y Rúfras las regiones
Le obedecen, y el valle de Celena,
Y la que Abela entre altos torreones
Campiña mira al pié de pomas llena.
Tercian la pica á guisa de Teutones:
Almete de alcornoque la melena
Ciñe en torno: de acero cicaladas
Brillan las peltas, brillan las espadas..