Página:Ensayo sobre el hombre (1821).djvu/10

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dan arrastras por la oscuridad, y las alturas desmesuradas á que se remontan otros hasta desaparecer. No perdamos jamas de vista á la naturaleza; caigamos sobre la locura en la fuerza de su correr, y sorprendamos las costumbres en el acto mismo de nacer. Riámonos cuando debamos, y seamos sinceros cuando podamos; ¡pero hagamos respetar al hombre los altos juicios de Dios!

Y ante todas cosas ¿podemos discurrir algo acerca de Dios en su altura, ó del hombre mortal acá abajo, mas que con arreglo á aquello que conocemos? Del hombre ¿conocemos por ventura otra cosa sobre que fundar nuestros discursos mas que su morada en la tierra? Y por lo que hace á Dios, aunque se nos manifiesta en esos innumerables mundos que apenas distinguimos sobre nuestras cabezas, ¿nos toca buscarle en otra parte que en el que nos colocó? Aquel que pudiera llegar á comprender lo que hay en el resto de su vasta inmensidad, y ver compuesto el universo de mil mundos sobre otros mil mundos, observar el movimiento y enlace de un sistema con otros sistemas, reconocer otros planetas, otros soles, y los diferentes seres que pueblan cada astro, aquel