Página:Ensayo sobre el hombre (1821).djvu/47

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órgano de la voz, cantaban alabanzas al Padre comun. No estaba el santuario chapeado de oro, ni salpicado de sangre; y el sacerdote era puro, sin mancilla, enemigo de mortandades, y esento de venalidad. El atributo de los cielos era un cuidado universal, y la prerogativa del hombre gobernar sin tiranizar. ¡Oh y cuánto se diferencia de este el hombre de los tiempos siguientes! Verdugo y sepulcro abierto de la mitad de cuanto respira, es matador de los demas seres, y traidor hasta contra sí mismo: enemigo de la naturaleza, oye sus gemidos sin condolerse. Pero nacieron de sus mismos excesos enfermedades bien merecidas, las cuales fomentadas por su sanguinolencia, dejan vengados completamente á aquellos que sacrifica. De este apetito carnívoro nacieron también las pasiones furiosas, y atrajeron contra el hombre al animal mas feroz de todos, á saber, al hombre mismo.

Veamos como poco á poco se elevó desde la naturaleza hasta el arte: las funciones, de la razon se reducían entonces a copiar al instinto. La voz de la naturaleza se dejó oir de esta manera:,, Anda (dijo al hombre), y aprende de las demás criaturas: aprende de las aves á conocer los alimentos que dan los arbustos, y de