tal vez conseguirse que levantasen los enemigos el cerco de Trichinópoly. Aterrados los jefes de la colonia inglesa con los triunfos de Dupleix, y temerosos de que si sobrevenia nueva guerra con Francia fuese destruido Madrás, aprobaron el proyecto de Clive, y le confiaron su ejecucion. Diéronsele doscientos ingleses y trescientos cipayos, armados á la europea; pero de los ocho oficiales que mandaban la fuerza, solo dos habian visto el fuego, y la mitad eran empleados de la Compañía, que, á imitacion suya, movidos de su ejemplo, prefirieron los azares y penalidades de la guerra á la monótona tranquilidad de la vida mercantil. El tiempo era tempestuoso y nada propicio á la empresa; mas no por eso desmayó Clive, ántes al contrario, avanzó con ánimo resuelto á la cabeza de sus tropas, sufriendo el azote de los elementos que parecian estar aliados á los franceses, y llegó á las puertas de Arcot, cuya guarnicion, sobrecogida de un pánico terrible, abandonó la fortaleza, quedando dueños de ella los ingleses sin haber disparado un tiro.
Comprendiendo Clive que no le dejarian disfrutar en sosiego de su conquista, tomó inmediatamente sus medidas para sostener un sitio. La guarnicion fugitiva tardó poco en volver en su acuerdo, y se acercó á la plaza, reforzada de un cuerpo considerable levantado en las inmediaciones, y en número de tres mil hombres, acampando muy cerca de los baluartes. Clive hizo de noche una salida, tomó el campamento por sorpresa, causó un destrozo considerable en el enemigo, lo puso en fuga, y volvió á sus cuarteles sin haber sufrido el menor quebranto, ni perdido un solo soldado.
No bien tuvo noticia de estos sucesos Chunda Sahib, que con sus aliados franceses sitiaba á Tri—N