fecunda actividad de su ingenio era incomparable, y se echaba de ver en todos los casos: en sus campañas, en sus negociaciones, en su correspondencia familiar, en su conversacion más frívola y ménos preparada. Era buen amigo, enemigo generoso y cumplido caballero; pero su ligereza, su movilidad, su irritable humor, la enfermiza necesidad que sentia siempre de cambiar incesantemente de ocupacion y de asunto, hicieron inútiles casi para su patria sus grandes facultades y sus virtudes. Sus debilidades le causaron en más de una ocasion graves inconvenientes y peligros, pues lo arrastraron hasta á cometer acciones completamente indignas de su noble y generoso carácter. La tranquili dad y el reposo eran cosa para él insoportable. Le gustaba recorrer la Europa á manera de correo, y así se le veia un domingo en La Haya, y en Viena el domingo siguiente; luégo, entrábale el deseo de ver Madrid, y apénas llegaba, pedia sus caballos y regresaba á Copenhague. Nadie podia seguirlo; ninguna dolencia era parte á detenerlo; la vejez, las enfermedades, una muerte inminente apénas hacian algun efecto en su alma verdaderamente intrépida.
En los momentos mismos en que sufria la más horrible operacion quirúrgica, era su conversacion tan animada como la de un jóven que goza de la más envidiable salud. Al dia siguiente de aquella operacion, y á pesar de los ruegos de sus facultativos, quiso emprender un viaje: parecia un cadáver; pero la elasticidad de su temperamento le permitia soportar fatigas y males que parecian capaces de matar al hombre más robusto. Necesitaba cambiar de ocupacion como de lugar; gustábale dictar seis ó siete cartas á un tiempo; y los que trabajaban con él decian que hablaba de todo con grande ingenio,