pero apartándose á veces de su asunto. «Lord Peterborough, escribe Pope, decia en sus cartas infinidad de cosas bellas y agradables, pero eran demasiado alegres y ligeras; mientras que si Bolingbroke tenía que escribir á un rey ó á un hombre de Estado, escogia el punto capital, lo ponia en el más favorable aspecto y se servia de él de manera que le diese el mejor resultado posible » Lo que Peterborough era á Bolingbroke como escritor, lo era á Malborough como general. En verdad fué el último de los caballeros errantes, valiente hasta la temeridad, liberal hasta la profusion, cortés en las relaciones con sus enemigos, protector de los oprimidos y apasionado de las mujeres. Tuvo las virtudes y los vicios de los caballeros de la Tabla Redonda, y no es posible pintar mejor su carácter que citando los versos en que el autor del espiritual poemita intitulado Monjes y Gigantes describe á sir Tristam: «Su nacimiento, á lo que parece, segun los cálcu los de Merlin, tuvo lugar bajo la influencia de Vénus, Mercurio y Marte: su ingenio se componia de todos los atributos de estos dioses, y como estos planetas, era errante y poco estable. Corria de reino en reino, sin detenerse nunca; ganaba coronas é imperios para darlos luego al punto, como si el ruido y movimiento de la lucha bastaran á recompensarlo de sus fatigas; no habia hecho conquistas ni aprovechádose de nada; su placer más grande era, en un dia de fiesta, cabalgar triunfante y altivo, y arrojar puñados de oro á la multitud que lo aclamaba. Sus planes guerreros eran repentinos, imprevistos, inexplicables para amigos y enemigos, y más parecia que un pasajero capricho le hubiese inspirado el proyecto y aconsejado el golpe. Cuanto
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