cista frances, al ver la nacion en peligro de retrogradar al estado de division en que se hallaba el siglo XI, consentir en ello? ¿Habrá quien la culpe de haberse opuesto á que fueran perdidos los arroyos de sangre que corrieron durante cuatrocientos años para fundar y consolidar la unidad del reino?
Lord Macaulay habla de las persecuciones de que fueron víctimas los protestantes; pero (y en esto procede como casi todos los escritores de sus ideas religiosas), no tiene en cuenta que los católicos hubieron de sufrir ántes de parte de ellos cuantos ultrajes, profanaciones y atentados son imaginables, á su religion, á sus templos y á sus personas; y olvida, tal vez de propósito, las matanzas que hi cieron los calvinistas, además de otras muchas, en Montpellier y en Nimes. Bueno es traer á la memo⚫ ria cuando se quiere recordar la noche de SAN BARTOLOMÉ, que la SAN MIGUELADA ocurrió cinco años ántes, y que la SAN BARTOLOMÉ no fué sino una manera de desquite, por decirlo así, de la SAN MIGUELADA.
En cuanto á la conducta que observó Luis XIV con los protestantes, la encontramos justificada con la necesidad de impedir la desmembracion de la patria.
Por lo demas, ponderar la crueldad de los católicos y hacer omision de la conducta de los calvinistas, á quienes Calvino mismo llegó á calificar de furiosos endemoniados en una ocasion, es ya pueril cuando tanta luz se ha hecho sobre aquellos tiempos. «La palma de la crueldad y de la perfidia, dice tratando de este asunto el reverendo J. M. Neale, escritor anglicano, corresponde á los protestantes, y, sin embargo, ¿cuántos conocen de memoria los hechos del duque de Alba y de Vargas, que no han