entre las Compañías de ambas naciones que hacian el comercio de Oriente no pudo ménos de estallar la guerra, tanto más furiosa y encarnizada, cuanto que sería premio del vencedor la magnifica herencia de la familia de Tamerlan.
El imperio que Baber y sus mogoles crearon durante el siglo XVI, habia sido largos años uno de los más extensos y ricos del mundo: ningun Estado de la vieja Europa contaba mayor número de hombres sometidos á la voluntad de uno solo; tampoco en ninguna parte afluian al tesoro rentas más cuantiosas: la hermosura y magnificencia de los monumentos levantados por los monarcas del Indostan sorprendian y admiraban á los viajeros que habian visitado la basílica de San Pedro; la corte y el esplendor del Gran Mogol deslumbraban los ojos acosbrados á las pompas de Versalles; algunos de sus grandes vireyes tenian más súbditos que el rey de Francia y el emperador de Alemania, y los delegados de estos delegados del poder supremo podian, en cuanto á la extension del territorio puesto bajo su autoridad y á la importancia de sus rentas, compararse con el gran duque de Toscana ó el elector de Sajonia.
Pero aquel vasto Imperio, tan poderoso y próspero como parecia, examinado superficialmente, áun en sus mejores tiempos estuvo siempre peor regido que se hallan en nuestra época los pueblos peor gobernados de la Europa. Adolecia su administracion de todos los males anexos al despotismo oriental, y de los excesos inseparables á la dominacion de una raza sobre otras: las opuestas pretensiones de los principes de la familia real eran causa de grandes turbulencias y trastornos, crimenes sin cuento y repetidas calamidades públicas; goberna-