Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/144

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bien no pudo eludir la condicion de las mujeres, dando á luz sus hijos sin dolor; al menos no profirió esos quejidos, con que parece recibir consuelo la naturaleza, y los reprimió con valor estoico.[1]

 Con tal superioridad de carácter, y conducta tan sin tacha y admirada, hizo Isabel de su corte una escuela de honor, en que al nacimiento, la poesia y la gloria realzaba el respeto involuntario que impone la virtud, el entusiasmo que inspira la modestia sublime. De esta suerte cultivaba las intelijencias, morijeraba las costumbres, temperaba los ímpetus tan propios de los valientes castellanos, y tan peligrosos para el sosiego de las familias; los habituaba á la obediencia, y era tan equitativa en sus decisiones y mandatos, que al ejecutarlos el pueblo, parecia obedecer á los decretos de la misma justicia. La concentracion de la autoridad, la regularizacion del poder y de los medios ejecutivos imprimieron al reinado de Isabel un carácter de firmeza y majestad desconocido hasta entonces.


V.


Isabel queria estirpar en Europa el culto de Mahoma, que florecia de siglos atrss en la península. Sin embargo; avara de la sangre de sus vasallos, como una madre de la de sus hijos, nunca hubiera sido la primera en romper las hostilidades sin necesidad absoluta. Pero Dios ciega á los que quiere perder, y los moros se acarrearon ellos mismos su desgracia.

  1. "Ipsa quoque corporis dolores animosissime pertulit semper, non solum adversæ valetudidis sed etiam partus. In quibus nec questa quidem fuit nnquam sed admirabili fortitudine, ut ab ejus matronis cubiculariis accepi, dolorem vocemque supprimebat." Lucius Marineus Siculus. De rebus Hispaniæ memor., lib. XXI.