Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/167

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paron de Beatriz, fué porque á decir verdad, nada tenian que esponer de ella; pues su sencillez, la naturaleza de sus gustos y costumbres, que la mantuvieron apartada de la elevada posicion á que su rango la daba derecho, su amor al pueblo que la vió nacer, y del que nunca salió, impedian seguirla durante su vida. Su historia, como su felicidad se concentraron en su esposo; porque la mujer cristiana disfruta modestamente de la gloria de su compañero, sin hacer alarde de ella.

Diriase que esta unión estaba dispuesta por la providencia, para fijar á Colon en España, atándolo con los lazos de la familia á la nacion heróica, que ya era su patria adoptiva; y si se considera con detenimiento con que circunstancias se verificó, se hallará que hay en él algo estraño y escepcional, como su destino, y que la paciencia, lo imprevisto y lo sublime contribuyeron á realizarlo.

Aquel sentimiento fué grande y jenéroso por parte de Cristóbal, y tierno, dulce y poético por la de Beatriz. Ella, mal que le pesara á su noble alcurnia, á su juventud y á su singular belleza, daba su mano á un hombre á la sazon sin rango, sin parientes conocidos, sin lenguaje; pues apenas hablaba el castellano, sin edad proporcionada á la suya, pues contaba cuarenta y nueve años, sin virjinidad de corazón, pues era viudo y padre, y cuya blanca cabellera y surcada frente debian inspirar mas veneracion que cariño, mas respeto que pasión; y sin caudal, pues no poseia mas bienes que las esperanzas de consumar un plan por tres veces rechazado en los consejos de tres estados.

No hay duda de que los Aranas y los Enriquez se opondrian á un enlace, que disonaba á su lejítimo orgullo, á sus intereses, á sus preocupaciones, y hasta á su razon misma; que deberla parecerles mas que otra cosa, una aberracion del entendimiento, y que por de contado procurarian disuadirla, representándola á Colon con los mas negros colores; teniendo Beatriz que arros-