Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/166

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Fácilmente se comprenderá si el prior de Prado, que no gustaba intervenir en recomendaciones, estaría dispuesto á interesar á los reyes en favor del italiano, tanto menos, cuanto que hubiera creido cometer un delito, robándoles un solo momento en sus graves y urjentes ocupaciones, para que oyeran al aventurero, que sin mas ropa que la puesta, quería ofrecerles grandes imperios.

Así es que tuvo Colon que sufrir y luchar con el que pensó seria su protector, y reducido á la miseria, se vió en la necesidad de recurrir á la pluma, para procurarse el mantenimiento. Perdido en el bullicio de la ciudad de Córdoba, famosa por la elegancia de sus moradores, y las exijencias de su lujo; aislado, sin amigos, sin familia y en el mas triste desamparo, una jóven, en cuya vecindad vivia, quiso dulcificar sus amarguras, uniéndose á él con lazo indisoluble. En efecto, á fines de Noviembre del año 1486 se desposaron, y Dios bendijo su matrimonio, dándoles á Fernando el 29 de Agosto siguiente. Era esta una doncella mas ilustre que rica, y mas hermosa que ilustre; pero sin embargo de que teniendo hermanos, y de que segun la costumbre establecida en su tiempo y su pais, no recibió en dote sino su lejítima, le bastaba para gozar de independencia. Llevaba un nombre caro al Dante, y que parecía hecho para un italiano, pues se llamaba Beatriz. Pertenecia á la casa de los Aranas, una de las mas antiguas de Córdoba, en cuya descendencia iba trasmitiéndose la virtud como una herencia, y disfrutaba de esa consideracion que jamas mereció la riqueza sola.

El laconismo de los historiadores, el silencio y la ausencia de Beatriz en los trances solemnes, algunas palabras de su marido moribundo, veladas por una pudorosa reticencia, é interpretadas del modo mas grosero, han dado lugar á una prevencion jeneral en contra suya. Pero si los antiguos cronistas, despues de haber consignado el primer casamiento de Colon, no se ocu-