Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/197

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no de estos, y habiendo ya dicho cual era su deseo, mantenia su palabra como un rey. En sus conversaciones con soberanos; aunque sus ropas denunciaran su pobreza estremada, siempre trató con ellos como de igual á igual, y ahora que llegaba el momento de cumplir su misión, sus hechos no desmentian sus palabras.

 Ni sus escasos recursos, ni los seis años pasados en la corte española en infructuosas demandas, ni el tiempo que iba transcurriendo, y que parecia condenar su plan al olvido, pudieron conmoverlo. Mas de dieziocho años se habian perdido para él, en tentativas diferentes, y á pesar de eso, preferia comenzar de nuevo sus dificiles negociaciones con otro estado, que derogar lo que él llamaba la dignidad de sus derechos.

 Procuraron detenerlo sus amigos, y en tan críticas circunstancias, á ruego de Fr. Juan Pérez de Marchena, y por mediacion de Alonso de Quintanilla, se puso de nuevo en relaciones con el gran cardenal, quien por la alta idea que se tenia formada de Colon, no hallaba tan desmedidas sus pretensiones;[1] pero ciertos motivos de todo punto ajenos al caso le impedian intervenir personalmente y solo le dió el apoyo de su opinion.

 Entre tanto, fuera de la comision, la enormidad de lo demandado por el jenoves traia preocupados á los consejeros de la corona, y como varios le objetaran en son de burla, que era de grande habilidad, pues sin arriesgar de su parte un solo maravedí, al fin y al cabo, cualquiera que fuese el resultado habría tenido la satisfaccion de mandar, ofreció contribuir á los gastos de la espedicion con la octava parte. Este jeneroso ofrecimiento se acojió con avidez para obligarlo á ponerlo en seguida por obra; pero sin embargo de tal sacrificio no consiguió nada.

  1. "Él, invariable en las ideas de esplendor y engrandecimiento pedia grandes condiciones... debia de animarle el favor del cardenal D. Pedro Gonzalez de Mendoza ect." Muñoz, Historia del nuevo mundo, lib. II. § 29.