Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/235

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una vírjen que se entrega al sueño. Engalánase el horizonte hasta su altura media con los artificios de la luz zodiacal, tan poco conocida en nuestra Europa, y mientras la blanca y serena claridad de los astros se refleja en el espejo de la mar dormida, se dejan oir sonidos misteriosos, que provienen de las ballenas, que pasan del círculo polar al Ecuador, ó de formidables cachalotes, que resuellan con violencia, despidiendo columnas de agua, ó de bandadas de pájaros que viajan á grande altura de las naves, y gritan para rehacerse al traves de la oscuridad. El surco de los cetáceos, la estela de los barcos, los remolinos que forman los bonitos retozando, todo produce en el moviente elemento huellas fosforescentes.

 El carácter augusto del espíritu, que en el principio fué llevado sobre las aguas, jérmen de cuanto existe, está de manifiesto en la estension de los mares.

 Desde el oríjen del mundo tan solo gozaban de tales maravillas los seres celestiales: pues para los habitantes del globo eran como si no fuesen. La poesia de estas vigorosas tintas, y de estas armonias pelásjicas, ni se sospechaban siquiera, cuando al fin fué dado al hombre gozar de ellas. Por la vez primera despues de la creacion, se dilataba la intelijencia humana bajo latitudes, hasta entónces del dominio esclusivo de los petreles, las paviotas y los cetáceos, y aquel, á quien se habia dignado escojer la divina providencia para conducir sobre los abismos almas inmortales, era la mas perfecta personificacion de la intuicion y del amor del creador. Ni antes ni despues de ese dia, cruzó por aquellos parajes mas santa curiosidad, ni mas viva comprension de la naturaleza.

 La sagrada efijie del redentor enarbolada en el palo mayor sobre la bandera de la espedicion, que flameaba con la brisa, parecia, conjurando las fuerzas brutales del viento, santificar los elementos, atravesando bajo los rayos del Sol durante el dia, y sobre ondas de fue-