Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/271

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del agua crecia en abundancia el follaje, dedujo lójicamente, que en aquel sitio el mar debia permanecer siempre tranquilo. En efecto, allí estaba preservada en toda su estension la costa de los sacudimientos de las corrientes ecuatoriales, que pasan entre Cuba y el continente americano. Habiendo reparado en un lugar, que juzgó á propósito para formarse conchas de perlas, pues se encontraban bivalvos en abundancia, que es una especie de indicacion de su existencia, y como le dijeran los indios que era abundante en ellas y minas de oro, deseoso de encontrarlas se dió á la vela el 29 de Octubre con rumbo á poniente, en demanda de la capital que indicaban los naturales. Al paso por la embocadura de una corriente la bautizó con el nombre de rio de la Luna, y cuando por la tarde se avistó otro mucho mas ancho le puso el de rio de los Mares.

Enviáronse á tierra las embarcaciones para tomar lenguas: pero sus habitantes habian huido espantados al divisar á los estranjeros. Las viviendas, á guisa de tiendas de campaña levantadas aquí y allá, sin regularidad ni simetria, estaban en estremo limpias, y con cierta elegancia en su modesto ajuar. Halláronse estátuas de mujer, muchas caretas primorosamente hechas, perros mudos y de repugnante aspecto, y aves domesticadas que vivian en su triste y taciturna compañia: muchos utensilios de pesca indicaban el jénero de industria de este pueblo, y Colon prohibió de nuevo tocarlos.

La magnificencia que admiraba aquí el almirante, no era menos digna de su estudio. Pasaba embelesado las noches en la contemplacion de aquella naturaleza, observando la bóveda celeste, la luz de las estrellas, la dulzura del aire, las emanaciones odoríferas del suelo y de las aguas, que fertilizaban mil plantas aromáticas. Escuchaba con melancólico placer el gorjeo de los pajarillos, los variados é inimitables trinos