Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/272

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del ruiseñor, todos los rumores, en suma, de tan ricas florestas, desde el rujido de la fiera á el canto del grillo,[1] que recordaba á sus marineros sus juegos de la niñez en el hogar paterno; y calculaba que el reposo del mar favorecerla allí la formacion de las conchas de perlas. Como ni su arrobamiento relijioso, ni la poesia de sus emociones, detenían ni atenuaban sus investigaciones cosmográficas, al par que se deleitaba con la tranquüidad y el ambiente embalsamado de las noches, exentas de frio y de calor, se preguntaba, por qué en un radio tan poco distante de las islas de Bahama, en las cuales el calor es en estremo intenso, encontraba temperatura tan moderada, hallando la razón de esta diferencia en que en Bahama, el terreno estaba llano, y era constante un viento nada fresco del lado del Este.

 Al otro dia, continuando el almirante su camino al O., reconoció un cabo tan abundante en palmeras, que le dió ese nombre; y los indios embarcados en la Pinta dijeron á su capitán, que á la espalda de aquel, corría un rio distante de Cuba solo cuatro jornadas. Martin Alonso Pinzón no dudaba de que la tierra que iba costeando fuera un continente, y Cuba una gran capital. A consecuencia de haber estudiado el planisferio ideal de Toscanelli, que Colon le comunicó, y que guardó tres dias, Martin Alonso se creia llegado á las rejiones que señaló en el hipotéticamente; pero Colon pensaba que aquella inmensa estension de tierra, de influencias tan caracterizadas, era tal vez el continente asiático, y que de consiguiente se hallaba á cien leguas poco mas ó menos de Zayto y de Quinsay.

 Con el fin de salir de dudas, resolvió el almirante enviar un mensaje al soberano de esta nacion, escojiendo al efecto á Rodrigo de Jerez, que habia estado en

  1. Diario de Colon. Lúnes 29 de Octubre de 1492.