Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/290

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piraciones y, digámoslo de una vez, su instinto de revelación, le apartaron de caer en los estravios de un sistema. Con todo, es evidente, que se habria aproximado mas á la verdad si, contra sus modestos hábitos y la vulgar prudencia, hubiera osado desprenderse del todo de los errores de los cosmógrafos, que hacian entonces autoridad, para no atenerse mas que á sus propios presentimientos: un tanto de presunción le hubiera economizado muchas vacilaciones; por eso y á causa de que el entendimiento humano no comprende lo desconocido, sino por lo que ya conoce. Colon no podia espHcar las cosas que encontraba, mas que por medio de las que sabia.

Muchas veces se ha repetido, que al partirse de Cuba el almirante llevaba la convicción de haber encontrado la estremidad del continente asiático, y este es uno de los errores tradicionales, en que se incurre con respecto á Colon, y que parece aceptado sin litijio; pero nosotros lo disiparemos mas adelante con hechos y documentos. Hasta el nombre jenérico de Indias, dado por Colon á las tierras descubiertas, nada establece en contra de tal idea; porque estaba destinado de antemano por él para los paises que iba á descubrir, como lo justifican las siguientes palabras de su hijo don Fernando: "Como las Indias pasaban en todo el mundo por abundantes en oro y toda clase de riquezas, quiso dar el mismo nombre á las tierras que pensaba descubrir, para obligar á Castilla á protejer su espedicion, halagándola con la esperanza de grandes beneficios".1 Sin duda deque por un momento, la tan caracterizada fisonomia de Cuba pudo inclinarlo á creer, que tocaba al estremo del continente asiático; pero las mas veces, según sus observaciones espontáneas, pensaba ha-

1. Fernando Colon, cap. VI, edición francesa, bajo el siguiente título: La vie de Cristofle Colomb et la décowoerte qu'il a faite des Indes Occidentales, vulgairement appelées le nouveau monde. Traducción del provenzal Catolendi. Paris, librería de Claudio Barbin, 1681.