Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/323

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mientos de la naturaleza, que, trastornándolo todo, ha- cen sentir su impulso formidable del Polo al Ecuador. Al decir de la jente marinera nunca se conoció un in- vierno de mas siniestros marítimos, pues de cuatro meses atrás soplaban vientos asoladores. El océano Jermánico estaba impracticable, y los buques padecían en los puer- tos, bloqueados por los temporales. Veinticinco barcos españoles perecieron en las costas de Elandes, y por todas las demás se veian esqueletos de naves é infinitos despojos. Al amanecer, al través de la neblina, que producía la ajitacion de las olas y la abundancia de espumas que se levantaba en el aire, el almirante reconoció el pro- montorio elevado de Cintra, cerca del Tajo. La costa de Portugal, difícil de abordar siempre que hay mar gruesa, es en estremo peligrosa con un temporal, porque ningún cabo, ninguna abertura amor- tigua el impulso de las olas, que corren sin obstáculo, y con una violencia acrecentada por la distancia, á rom- perse con ruido infernal contra los peñascos. Colon, á pesar de que no pudieron acercársele las lanchas de los prácticos, se esforzó por entrar en la ria. Tampoco con- taba con otro refujio. Las rocas cubiertas con la espu- ma, engañaban la vista; y una fuerza irresistible arras- traba á la Niña á los escollos, rechazándola de la em- bocadura á lo cual también contribuía el viento con- trario y una grande avenida. Hubiérase dicho que un tenebroso poder redoblaba su furor, para impedir salvar- se á la lijera carabela, haciéndola perecer casi á la entra- da del puerto. Al presentir una catástrofe, los habitantes de Cascaes, población situada en el embocadero del Tajo, acudie- ron á la iglesia, y con cirios encendidos quedaron oran- do durante la mañana por las almas de los tripulantes de la Niña, que consideraban ya pasto del terrible ele- mento; y cuando con el favor del altísimo entró Colon por el rio, el pueblo en masa acudió á la orilla conside- rando como milagro su salvación de una muerte ine- vitable.