Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/334

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radores á la playa, y de allí en lanchas á los flancos de la nave. Repicaron á vuelo las campanas, tronó el cañón, se adornaron las ventanas con flores, y se tendieron telas por las calles. Colon fué recibido con los honores de un rey. Acompañólo el pueblo en procesión, como también á su jente, á la iglesia, donde fué á dar gracias al todopode- roso, por haber coronado con tan fehz éxito el viaje mas largo, é importante que se hubiera emprendido jamas. i Luego de tantas alarmas é inquietudes ¡cuál no debió ser el contento de las familias, al volver á estrechar entre sus brazos á los que ya desesperaban de ver en la tierra! Algunas horas mas tarde, mientras que la población entera, trasportada de imponderable alegria, felicitaba al almirante, y con las lenguas de bronce de sus campanas avisaba á las aldeas vecinas el suceso estraordinario, se vio llegar próximo á la Niña, otra carabela, muy conoci- da de los moradores de Palos, y á poco rato descolgarse un bote de su bordo, y segiñr rio abajo. Era la Pinta, y el que iba en el esquife su capitán Pinzón, que huia. Arrojado por la tempestad al golfo de Vizcaya, y per- suadido Martin Alonso de que haciendo agua, con sus averias y demasiado cargamento, habria perecido la Niña, dirijió á los reyes una relación de la descubierta atribu- yéndosela, y pidiéndoles permiso para pasar á la corte, y darles cuenta de la espedicion. Para esperar la respuesta venia á su pueblo á gozar del triunfo que se prometía. Mas al notar la bandera del almirante en el palo mayor de su buque quedó atónito y desconcertado, y temeroso de que su jefe no le impusiera el castigo merecido se fugó vergonzosamente, con el corazón rebosando hiél en presencia del triunfo del que esperaba suplantar. De los tripulantes de la Finta no faltaba ninguno, pues de cuantos quedaron en el fuerte de la Navidad, nadie era de Palos, y con razón pudo Cristóbal repetir á los que lo hablan maldecido las palabras del buen pas- . Robertson, Historia de Amériaa, t. I. lib. II. p. 143.