Página:Historia de Cristóbal Colon y de sus viajes - Tomo I (1858).djvu/64

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LX

 Podemos asegurar que Humboldt nada ha leido por sí mismo en esta cuestion, y que no ha hecho mas que referirse á Navarrete, que á su vez copiaba á Spotorno, y este á Napione, que se fundaba en las sutilezas de un abogado. No obstante; la tal acusacion ha sido tan jeneralmente admitida, que se la considera como un hecho consumado. Mas de ochenta escritores de diversas clases la han repetido unos en pos de otros, y hoy que cuenta cincuenta y dos años goza de tanto crédito, que ocupa el lugar de un documento histórico, apoyándose en fechas ciertas y nombres respetables; y puede que no se encuentre un solo escritor de cualquiera categoria que sea, que tratándose de este asunto, se atreva á cargar con la responsabilidad de no reiterarla una vez mas.

 Nosotros que, con el favor de Dios, vamos á acabar con ella, protestamos del modo mas solemne contra tal injuria. Afirmamos que doña Beatriz Enriquez, de Córdoba, era mujer lejítima de Cristóbal Colon, de Jénova. Negamos los amores ilícitos, negamos los detalles que se desprenden de ellos, negamos fuese plebeya, negamos su pobreza, negamos su embarazo cuando llegó el mensaje del rey de Portugal, y negamos la pasion de su marido por ella, como único medio de detenerlo en España. Probémoslo.


V.


 Mientras Colon vivió no se sospechó de la naturaleza de sus relaciones con Beatriz Enriquez, ni fué puesta á cuestion de tormento la lejitimidad de su segundo hijo; que la idea de semejante acusacion no se ocurrió