Página:Historia general de la medicina en Chile, tomo I.pdf/337

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naturaleza, ó aventurar un riesgo mayor que el daño que se intenta remediar. Unas verdades tan palpables, fortificadas en el conocimiento experimental del engrandecimiento en que se ha puesto el arte quirúrgico, después que restauradas las ciencias, ocupó la anatomía el lugar que se merecía de la consolidación, esclarecimientos y aujes que recibieron los métodos antes oscuros de la medicina interna, han dictado á todas las naciones ilustradas los reglamentos que sujetan á los individuos, que se destinan á una ú otra facultad, al estudio preliminar de la anatomía, y nó como quiera, sinó práctico y usual. Consiguientes á ellos son, no sólo la creación de maestros públicos de la ciencia, sinó también la erección de edificios adecuados ó teatros en que se hagan las demostraciones, con todas las facilidades y medidas que exige la adquisición penosa, disquetante y muchas veces arriesgada de esta clase de conocimientos. La historia médica recuerda con dolor la pérdida de profesores ilustres, sacrificados á impulsos de una dedicación imprudente.

Al emprender un establecimiento de esta naturaleza, conviene siempre estender las miras, de aquel estado de pequeñez que tienen todas las cosas en sus principios, á las creces de que son suceptibles con el tiempo y cultivo, para que, en cuanto esté de parte de la fundación, no se opongan embarazos a los ulteriores progresos, sinó que antes bien los auxilios que se tengan á mano propendan y concurran á ellos. Felizmente un anfiteatro anatómico es de los establecimientos científicos menos costosos y según esto, es tanto más sensible que un pequeño ahorro en gastos, que talvez no vuelven á repetirse, priven de unas ventajas, que si se logran nunca deben reputarse caras.

Un anfiteatro, debe, desde luego, hallarse en proximidad de un hospital, si puede ser, de ambos sexos, su salón principal de competente capacidad, ochavado ó cuadrilongo, debe estar en piso seco, y contar con paredes altas, con claraboyas capaces, abiertas por todos lados, que proporcionen toda la luz y ventilación posibles. Una cátedra en cabecera, uno ó dos órdenes de asientos cómodos alrededor, y una mesa en el medio, capaz de recibir el cadáver con comodidad y aseo, son todos sus adornos. Al efecto, suele hacerse de piedra que admita buen pulimento con reborde en el contorno, y leve descenso hácia el medio á manera de un azafate, el cual entra en un cajón robusto de madera colocado sobre un pié maciso; la mesa y el pié se taladran de alto abajo por su centro, y con esto la sangre y demas humores que salen del cadáver, desaguan en un sotanillo, que tiene su abertura al estertor de la sala, por donde se entra á limpiarle. Al lado del salón principal debe