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de la llegada de los españoles—según el historiador Quiroga—muriendo millares de araucanos.

En 1755 el jesuíta Joaquín Villarroel, daba 12.400 leguas cuadradas de superficie al territorio chileno y 375.000 hab.

En 1812 se daba como población 1.000.000 de h. y en dicha fecha se calculaba que Chile tendría 7 millones en 1913 y 12 millones en 1949, según deducciones tomadas del aumento de los años 1755 al 1812, quejándose aún de que sería muy poco tal incremento comparando con E.E.U.U. de N.A. que duplicaban entonces su población cada 15 años.

La mortalidad por viruelas en 1787 se indicó que fue de 700 hombres y 268 mujeres, sólo en Santiago; inoculándose el fluido varioloso á más de cuatro mil, muriendo de estos solo 14 personas, según datos suministrados por el historiador José Pérez García.

Concluye el artículo pidiendo al gobierno medidas severas en pro del bienestar del pueblo, porque son sus causas políticas y morales las que más han influenciado en la despoblación del país.

2.º Policía.—Aurora de Chile.—N.º 4.—Juéves, 5 de Marzo de 1812.

Basado en experiencias de otros paises, se pide el establecimiento rigoroso de la policía sanitaria, para evitar la propagación de epidemias, por ser manifiesto el desaseo de las jentes, las inmundicias de las calles y casas, etc.

Cita á la Francia que amagada por el mal epidémico de la lepra, lo extinguió á fuerza de gastar en higiene; al Ejipto que por sus pantanos del Nilo, como los de Norte América, han producido tantas fiebres palúdicas; y enzalsa á Empédocles que se hizo famoso por haber librado á las poblaciones de miasmas mortíferos, disecando los pantanos.

Recuerda las protestas que se elevaron con motivo de la pragmática de Carlos III para que se inhumaran los cadáveres fuera de las poblaciones, con el fin de higienizarlas y evitar tantas plagas, y cita la opinión del Dr. Unanue, del Perú, que se admiraba de que aquí no se diese el valor que correspondía á aquella real orden. Con motivo de este acontecimiento un poeta anónimo publicó la siguiente estrofa que se hizo popular:

   Viva la Providencia saludable
Que á Dios da culto, y á los hombres vida;
Huya la corrupción abominable
De su sagrada casa esclarecida;
Respiren en el templo el agradable
Arómático olor, que á orar convida:
Triunfen ya los inciensos primitivos
Y no maten los muertos á los vivos.