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HISTORIAS ESTRAORDINARIAS.

en cuyo tiempo se estendió casi repentinamente de Este á Oeste, cortando el horizonte como con una banda muy marcada de vapor y apareciendo como una línea muy baja de costa.

Me llamó despues la atención el aspecto rojo oscuro de la luna, y el carácter particular del mar, que sufria un cambio rápido, y cuyas aguas parecian más trasparentes que de costumbre. Podia ver distintamente el fondo, no obstante que la sonda nos marcaba quince brazas de profundidad. El aire se habia hecho estremadamente cálido y bochornoso, y se cargaba de exhaltaciones parecidas á las que se levantan del hierro caliente ó de un brasero de carbon al encenderse. Al entrar la noche, cesó toda brisa, y fuimos cogidos por una calma chicha, como no es posible concebirla: la llama de una bugía se levantaba derecha y sin oscilar, y un cabello largo, cogido éntre los dedos, caia perpendicular sin el menor movimiento. Sin embargo, como el capitan decia no ver síntoma ninguno alarmante, y como declinábamos hacia la costa por el través, mandó cargar las velas y echar el áncora. No se puso vigia de cuarto, y como la tripulacion se componia principalmente de malayos, se acostó deliberadamente sobre cubierta.

Yo bajé á la cámara, no sin el perfecto presentimiento de una catástrofe, porque, en realidad, todos aquellos síntomas me hacian temer un simoum. Espuse mis temores al capitan, mas no hizo caso de lo que decia, y se apartó de mí; sin dignarse contestarme. Sin embargo, el desasosiego no me dejó dormir, y á cosa de media noche subí al puente. Al poner el pié en el último escalon, quedé aterrado al oir un murmullo parecido al que produce la revolucion rápida de una rueda de molino, y antes de que pudiese averiguar la causa, sentí que el navío se estremecia por su centro. Casi al mismo tiempo, un golpe de mar nos echó de costado, y corriendo por cima de nosotros, barrió completamente el puente de adelante á atrás.

La estremada furia de aquella ráfaga fué, en gran parte, la causa de la salvacion del buque en aquel instante; porque aun cuando fué absolutamente sumergido, como los mástiles se habian ido por cima de bordo, se levantó lentamente un minuto despues, y vacilando algunos instantes bajo la inmensa presion de la tempestad, por fin llegó á enderezarse.

No puedo decir por qué especie de milagro me salvé en aquel momento de la muerte; aturdido por el choque de ola, me encontré cogido, al volver en mí, entre el estmabor y el gobernalle. Con mucho trabajo pude ponerme en pié, y mirando vertiginosamente en derredor mio, me asaltó al pronto la idea de que nos encontrábamos en un arrecife; tan espantoso era sobre toda ponderacion el torbellino de aquella marejada enorme y espumosa en que nos veíamos envueltos.

Al cabo de algunos momentos, oí la voz de un anciano suecoque se habia embarcado con nosotros en el momento mismo de zarpar. Le grité con toda la fuerza de mis pulmones, y vino dando traspieses á reunirse á mí en la popa. Pronto reconocimos que éramos los únicos sobrevivientes á la catástrofe: cuanto habia sobre el puente, escepto nosotros, habia sido barrido de la cubierta; el capitan y la tripulacion habian sido arrebatados durante el sueño, pues los camarotes habian sido anegados al mar.

Faltos de auxiliares, no podiamos esperar hacer gran cosa para la seguridad del navío, y nuestras tentativas quedaron paralizadas por la creencia en que estábamos de que íbamos á zozobrar de un instante á otro. El cable se habia hecho pedazos como una hebra de hilaza al primer soplo del huracan; á no haber sido así, hubiéramos sido sumergidos instantáneamente. Huíamos ante el mar con una velocidad espantosa, y los golpes de mar nos causaban averías visibles; el maderaje de la obra muerta de popa estaba estropeadísimo, y casi en todas partes, el buque habia sufrido mas ó menos, pero con