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DE LOS INSECTOS

donde va a trabajar el padre, sin molestar para nada a la madre, ocupada debajo en sus faenas. Es el molino de donde va a descender la sémola destinada a la confección de los pasteles.

El molinero tiene buenas herramientas. Véase su tridente. Sobre el protórax, base sólida, se levantan tres acerados venablos: los dos laterales, largos; el de en medio, corto, y los tres dirigidos adelante. ¿Para qué le sirve esta máquina? Al principio creeríamos que es sencillamente un adorno masculino, como otros de variadas formas que suele llevar la corporación de los escarabajos peloteros. Pero aquí es algo mejor que un adorno; el Minotaurus utiliza su atavío como una herramienta.

Las tres puntas desiguales describen un arco cóncavo, en el que puede ajustarse la redondez de una cagarruta. Pero, ¿cómo hará el insecto para mantener fija la resbaladiza bola y fragmentarla, en aquel suelo incompleto y oscilante, en que la posición exige el empleo de las cuatro patas traseras apoyadas en la pared del canal? Veámoslo trabajando.

Bajándose un poco, clava su horca en la pieza, que queda inmovilizada por estar hincada en la lúnula de la herramienta. Las patas anteriores están libres; con sus brazos dentados*puede aserrar el pedazo, dilacerarlo, reducirlo a partículas, que van cayendo por los huecos del suelo y llegan adonde está la madre.

Lo que baja del laboratorio del molinero no es una harina cernida, sino una grosera sémola, mezcla de despojos polvorientos y pedazos apenas molidos. Mas por incompleta que sea esta trituración previa, será de gran socorro para la madre en el meticuloso trabajo de panificación; le abre-