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JOYAS DEL TEATRO.
 
ROMEO.

quién te conduce aquí? Mi desventura.

JULIETA.

Ay! habla por piedad!… ese desórden…
que ha sucedido, dí?

ROMEO.

que ha sucedido, dí? Julieta, escucha,
pero aguarda…

(Se acerca á la puerta y presta el oido, despues de una pausa.)

pero aguarda… Mis huellas han perdido,
la oscuridad, mi amor, vino en mi ayuda.

JULIETA.

Te persiguen?

ROMEO.

Te persiguen? Los tuyos.

JULIETA.

Te persiguen? Los tuyos. Qué pretenden?

ROMEO.

Mi muerte.

JULIETA.

Mi muerte. Ah! fatal, aciaga lucha!

ROMEO.

Ya del jardin cruzaba yo las calles,
protejido, mi bien, por las oscuras
sombras de la alameda, cuando encuentro
de alegres camaradas una turba.
Uno de ellos al verme se adelanta…
Huyo, me sigue… ocultóme, me busca,
y conmigo al hallarse cara á cara,
«ó es un cobarde,—dice,—el que se oculta,
ó es un Montecho, que á ser hombre honrado
á un Capuleto no evitára nunca.»
Enciéndeme la ira al escucharle,
y en mi mano la espada ya desnuda
la punta le presento por respuesta;
brilla su acero, con el mio cruza,
ambos á dos peleamos como buenos
los ojos rayos y las lenguas mudas,
yo acudo a la defensa, él al ataque,
yo soy la reflexion si él la locura,
y no fué por mi culpa, Dios testigo,
si con su muerte terminó la lucha.
Acuden sus amigos en el acto,
veinte espadas me atacan todas juntas,
y entonces…

JULIETA (oyendo ruido).

y entonces… Callate!

ROMEO.

y entonces… Callate! Cundió la alarma,
ya llegan, si! sus voces ya se escuchan.
Perdido soy!

JULIETA.

Perdido soy! Me perderé, contigo.

ROMEO.

Que vengan pues; mi corazon te escuda:
muriendo como mártír á tus ojos,
debo al martirio del amor mi tumba!

JULIETA.

Mi aposento, Romeo, es un santuario,
apresúrate, pues; en él te oculta…
Yo creo en Dios, y el Dios omnipotente
oh! no lo dudes, no, vendrá en mi ayuda!

(Penetra Romeo en los aposentos de Julieta.)





ESCENA VIII.
JULIETA, CAPULETO, amigos, deudos y servidores de Capuleto.
(Entran todos sin ver á Julieta que ha permanecido junto á la puerta de su habitacion.)
JULIETA (aparte al verles entrar con la espada desnuda.)

Ya era tiempo!

CAPULETO.

Ya era tiempo! Perdida la esperanza
de hallar al asesino,
mis deudos, mis amigos, solo queda
el sabroso placer de la venganza.
Muerte fatal! asesinato infame!
yo no puedo llorar porque me ahogo,
el corazon me abrasan esas lágrimas
negándose á subir hasta mis ojos.
Oh! raza infame! execracion del hombre!
yo le debo esa muerte á tus enconos,
mas yo haré que las calles de Verona
de mi justicia presenciando el odio,
hasta unirlo al Adige placentero
lleven la sangre en anchuroso arroyo.
Venganza amigos, sí! De la venganza
yo he de gustar el nectar voluptuoso,
y el vapor de la sangre que derrame
ha de cegar nuestros cansados ojos.
Oh! Tebaldo, hijo mio, á tu recuerdo
no elevaré un panteon rejio y suntuoso,
te formaré yo mismo, con mis manos,
un altar de cadáveres tan solo.

JULIETA. (Con el acento de la desesperacion.)

Tebaldo! Dios!

CAPULETO. (Reparando en su hija)

Tebaldo! Dios! Estás aqui, Julieta?

JULIETA. (Delirante.)

Tebaldo!… padre mio… decid… pronto…
que es de Tebaldo?