Página:La Eneida de Virgilio.djvu/28

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« El poder celestial temed al menos.
« Nuestro Rey era Eneas el piadoso,
« Justo y valiente cual jamas vió el cielo.
« Si mirase aun sus ojos la luz pura,
« Si basta ahora no duerme el sueño eterno,
« No temas excederle generosa;
« Tiene la gran Sicilia inmensos pueblos
« Donde el Troyano Acestes justo manda;
« Permitid nuestras naves reparemos
« De mástiles y remos en los bosques,
« Y si á nuestro monarca vuelve el cielo
« Nos verá un dia la soberbia Italia,
« Que á la Italia nos debe el hado fiero.
« Pero si tú, gran Padre de Troyanos,
« Y á tí las aguas el sepulcro abrieron,
« Que Acestes y Sicilia nos concedan
« De males tantos un asilo cierto. »
 Él dice; y los Troyanos con murmullo
Aplauden su discurso asaz contentos.
Dido, bajos los ojos, los escucha
Y les dice; == « Troyanos, los recelos
« Disipe la esperanza; rigurosa
« Debo guardar este naciente imperio:
« ¿Quien no conoce á Troya y sus hazañas
« Y su guerra infeliz y horrible incendio?
« Ni abrigan en sus pechos los Fenicios
« Corazones tan duros á los ruegos,
« Ni de la Ciudad Tiria sus corceles
« Tan lejos no los junta el rubio Febo.
« Sea que navegueis hasta la Hesperia
« O Acestes os reciba asaz benévolo
« Mi poder os liberta en este clima;