Página:La Eneida de Virgilio.djvu/6

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— VI —

   No el pecho hiela con horror y espanto
Tu descarnado y albicante espectro;
Ni esa férrea corona mal sentada,
Menos de ébano el cetro,
Ni el dardo que destila sangre y llanto;
Ni tu pálida corte malhadada,
De la vejez cansada,
Con paso desigual la liebre ardiente;
Parálisis que arrastra media vida,
Hidropesía hinchada;
La convulsion los brazos retorciendo,
El contagio callado,
Celos, Discordia y Ambicion rugiendo;
Y de tu imperio cruel Heraldo alado
El tiempo destructor jamás cansado.


Y viendo que nada de esta comitiva me atañia por entonces, y ni yo me lo persuadia, ni nadie lo creia, habiendo sido párroco, maestro de escuela de niños ingleses, franceses y españoles, y arquitecto de una Iglesia que me consintió fabricar el Gobierno Inglés para los súbditos católicos, y siempre pobre; leí por conclusion toda entera y repetida la fábula literaria 46 de nuestro mencionado Iriarte, El pollo y los dos gallos.