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LA ILÍADA

dumbróse Patroclo por la pérdida del compañero y atravesó al instante las primeras filas, como el veloz gavilán persigue á unos grajos ó estorninos; de la misma manera acometiste, oh hábil jinete Patroclo, á los licios y troyanos, airado en tu corazón por la muerte del amigo. Y cogiendo una piedra, hirió en el cuello á Estenelao, hijo querido de Itémenes, y le rompió los tendones. Retrocedieron los combatientes delanteros y el esclarecido Héctor. Cuanto espacio recorre el dardo que lanza un hombre, ya en el juego para ejercitarse, ya en la guerra contra los enemigos que la vida quitan; otro tanto se retiraron los teucros, cediendo al empuje de los aqueos. Glauco, capitán de los escudados licios, fué el primero que volvió la cara y mató al magnánimo Baticles, hijo amado de Calcón, que tenía su casa en la Hélade y se señalaba entre los mirmidones por sus bienes y riquezas: escapábase Glauco, y Baticles iba á darle alcance, cuando aquél se volvió repentinamente y le hundió la pica en medio del pecho. Baticles cayó con estrépito, los aqueos sintieron hondo pesar por la muerte del valiente guerrero, y los teucros, muy alegres, rodearon en tropel el cadáver; pero los aqueos no dejaron de mostrar su impetuoso valor y arremetieron denodadamente al enemigo. Entonces Meriones mató á un combatiente teucro, á Laógono, esforzado hijo de Onétor y sacerdote de Júpiter Ideo, á quien el pueblo veneraba como á un dios: hirióle debajo de la quijada y de la oreja, la vida huyó de los miembros del guerrero, y la obscuridad horrible le envolvió. Eneas arrojó la broncínea lanza, con el propósito de herir á Meriones, que se adelantaba protegido por el escudo. Pero Meriones la vió venir y evitó el golpe inclinándose hacia adelante: la ingente lanza se clavó en el suelo detrás de él y el regatón temblaba; pero pronto la impetuosa arma perdió su fuerza. Penetró, pues, la vibrante punta en la tierra, y la lanza fué echada en vano por el robusto brazo. Eneas, con el corazón irritado, dijo:

617 «¡Meriones! Aunque eres un ágil saltador, mi lanza te habría apartado para siempre del combate si te hubiese herido.»

619 Respondióle Meriones, célebre por su lanza: «¡Eneas! Difícil te será, aunque seas valiente, aniquilar la fuerza de cuantos salgan á pelear contigo. También tú eres mortal. Si lograra herirte en medio del cuerpo con el agudo bronce, en seguida, á pesar de tu vigor y de la confianza que tienes en tu brazo, me darías gloria y á Plutón, el de los famosos corceles, el alma.»

626 Así dijo; y el valeroso hijo de Menetio le reprendió, diciendo: