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LA ILÍADA

nos y amigos le harán exequias y le erigirán un túmulo y un cipo, que tales son los honores debidos á los muertos.»

676 Así dijo, y Apolo no desobedeció á su padre. Descendió de los montes ideos á la terrible batalla, y en seguida, levantó al divino Sarpedón de entre los dardos, y conduciéndole á un sitio lejano, lo lavó en la corriente de un río; ungiólo con ambrosía, púsole vestiduras divinas y entrególo á los veloces conductores y hermanos gemelos: el Sueño y la Muerte. Y éstos, transportándolo con presteza, lo dejaron en el rico pueblo de la vasta Licia.

684 Patroclo animaba á los corceles y á Automedonte y perseguía á los troyanos y licios, y con ello se atrajo un gran infortunio. ¡Insensato! Si se hubiese atenido á la orden del Pelida, se hubiera visto libre de la funesta Parca, de la negra muerte. Pero siempre el pensamiento de Júpiter es más eficaz que el de los hombres (aquel dios pone en fuga al varón esforzado y le quita fácilmente la victoria, aunque él mismo le haya incitado á combatir), y entonces alentó el ánimo en el pecho de Patroclo.

692 ¿Cuál fué el primero y cuál el último que mataste, oh Patroclo, cuando los dioses te llamaron á la muerte?

694 Fueron primeramente Adrasto, Autónoo, Equeclo, Périmo Mégada, Epístor y Melanipo; y después, Élaso, Mulio y Pilartes. Mató á éstos, y los demás se dieron á la fuga.

698 Entonces los aqueos habrían tomado á Troya, la de altas puertas, por las manos de Patroclo, que manejaba con gran furia la lanza, si Febo Apolo no se hubiese colocado en la bien construída torre para dañar á aquél y ayudar á los teucros. Tres veces encaminóse Patroclo á un ángulo de la elevada muralla; tres veces rechazóle Apolo, agitando con sus manos inmortales el refulgente escudo. Y cuando, semejante á un dios, atacaba por cuarta vez, increpóle la deidad con aterradoras voces:

707 «¡Retírate, Patroclo de jovial linaje! El hado no ha dispuesto que la ciudad de los altivos troyanos sea destruída por tu lanza, ni por Aquiles, que tanto te aventaja.»

710 Así dijo, y Patroclo retrocedió un gran trecho, para no atraerse la cólera del flechador Apolo.

712 Héctor se hallaba con el carro y los corceles en las puertas Esceas, y estaba indeciso entre guiarlos de nuevo hacia la turba y volver á combatir, ó mandar á voces que las tropas se refugiasen en el muro. Mientras reflexionaba sobre esto, presentósele Febo Apolo, que tomó la figura del valiente joven Asio, el cual era tío materno