Página:La Ilíada (Luis Segalá y Estalella).djvu/287

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido corregida
281
CANTO DÉCIMOSÉPTIMO

multo de caballos y guerreros acompañaba á los que se iban retirando. Así como unos mulos vigorosos sacan del monte y arrastran por áspero camino una viga ó un gran tronco destinado á mástil de navío, y apresuran el paso, pero su ánimo está abatido por el cansancio y el sudor: de la misma manera, ambos caudillos trasportaban animosamente el cadáver. Detrás de ellos, los Ayaces contenían á los teucros como el valladar selvoso extendido por gran parte de la llanura refrena las corrientes perjudiciales de los ríos de curso arrebatado, les hace torcer el camino y les señala el cauce por donde todos han de correr, y jamás los ríos pueden romperlo con la fuerza de sus aguas; de semejante modo, los Ayaces apartaban á los teucros que seguían peleando, especialmente Eneas, hijo de Anquises, y el preclaro Héctor. Como vuela una bandada de estorninos ó grajos, dando horribles chillidos, cuando ven al gavilán que trae la muerte á los pajarillos; así entonces los aqueos, perseguidos por Eneas y Héctor, corrían chillando horriblemente y se olvidaban de combatir. Muchas armas hermosas de los dánaos fugitivos cayeron en el foso ó en sus orillas, y la batalla continuaba sin intermisión alguna.