Página:La Ilíada (Luis Segalá y Estalella).djvu/299

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CANTO DÉCIMOCTAVO

Peleo. Mientras vive y ve la luz del sol está angustiado, y no puedo, aunque á él me acerque, llevarle socorro. Los aqueos le habían asignado, como recompensa, una moza, y el rey Agamenón se la quitó de las manos. Apesadumbrado por tal motivo, consumía su corazón; pero los teucros acorralaron á los aqueos junto á los bajeles y no les dejaban salir del campamento, y los próceres argivos intercedieron con Aquiles y le ofrecieron espléndidos regalos. Entonces, aunque se negó á librarles de la ruina, hizo que vistiera sus armas Patroclo y envióle á la batalla con muchos hombres. Combatieron todo el día en las puertas Esceas; y los aqueos hubieran tomado la ciudad, á no haber sido por Apolo, el cual mató entre los combatientes delanteros al esforzado hijo de Menetio, que tanto estrago causara, y dió gloria á Héctor. Y yo vengo á abrazar tus rodillas por si quieres dar á mi hijo, cuya vida ha de ser breve, escudo, casco, hermosas grebas ajustadas con broches, y coraza; pues las armas que tenía las perdió su fiel amigo al morir á manos de los teucros, y Aquiles yace en tierra con el corazón afligido.»

462 Contestóle el ilustre cojo de ambos pies: «Cobra ánimo y no te preocupes por las armas. Ojalá pudiera ocultarlo á la muerte horrísona cuando la terrible Parca se le presente, como tendrá una hermosa armadura que admirarán cuantos la vean.»

468 Así habló; y dejando á la diosa, encaminóse á los fuelles, los volvió hacia la llama y les mandó que trabajasen. Éstos soplaban en veinte hornos, despidiendo un aire que avivaba el fuego y era de varias clases: unas veces fuerte, como lo necesita el que trabaja de prisa, y otras al contrario, según Vulcano lo deseaba y la obra lo requería. El dios puso al fuego duro bronce, estaño, oro precioso y plata; colocó en el tajo el gran yunque, y cogió con una mano el pesado martillo y con la otra las tenazas.

478 Hizo lo primero de todo un escudo grande y fuerte, de variada labor, con triple cenefa brillante y reluciente, provisto de una abrazadera de plata. Cinco capas tenía el escudo, y en la superior grabó el dios muchas artísticas figuras, con sabia inteligencia.

483 Allí puso la tierra, el cielo, el mar, el sol infatigable y la luna llena; allí, las estrellas que el cielo coronan, las Pléyades, las Híades, el robusto Orión y la Osa, llamada por sobrenombre el Carro, la cual gira siempre en el mismo sitio, mira á Orión y es la única que deja de bañarse en el Océano.

490 Allí representó también dos ciudades de hombres dotados de palabra. En la una se celebraban bodas y festines: las novias salían de sus