Página:La Ilíada (Luis Segalá y Estalella).djvu/97

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CANTO SEXTO

entonces á librarle de la lúgubre muerte, y Diomedes le quitó la vida á él y á su escudero Calesio, que gobernaba los caballos. Ambos penetraron en el seno de la tierra.

20 Euríalo dió muerte á Dreso y Ofeltio, y fuése tras Esepo y Pédaso, á quienes la náyade Abarbarea concibiera en otro tiempo del eximio Bucolión, hijo primogénito y bastardo del ilustre Laomedonte (Bucolión apacentaba ovejas y tuvo amoroso consorcio con la ninfa, la cual quedó encinta y dió á luz los dos mellizos): el Mecistíada acabó con el valor de ambos, privó de vigor á sus bien formados miembros y les quitó la armadura de los hombros. El belígero Polipetes dejó sin vida á Astíalo; Ulises, con la broncínea lanza, á Pidites percosio; y Teucro, á Aretaón divino.

32 Antíloco Nestórida mató con la pica reluciente á Ablero; Agamenón, rey de hombres, á Élato, que habitaba en la excelsa Pédaso, á orillas del Sátniois, de hermosa corriente; el héroe Leito, á Fílaco mientras huía; y Eurípilo, á Melantio.

37 Menelao, valiente en la pelea, cogió vivo á Adrasto, cuyos caballos, corriendo despavoridos por la llanura, chocaron con las ramas de un tamarisco, rompieron el corvo carro por el extremo del timón, y se fueron á la ciudad con los que huían espantados. El héroe cayó al suelo y dió de boca en el polvo junto á la rueda; acercósele Menelao Atrida con la ingente lanza, y aquél, abrazando sus rodillas, así le suplicaba:

46 «Hazme prisionero, Atrida, y recibirás digno rescate. Muchas cosas de valor tiene mi opulento padre en casa: bronce, oro, hierro labrado; con ellas te pagaría inmenso rescate, si supiera que estoy vivo en las naves aqueas.»

51 Dijo Adrasto, y le conmovió el corazón. É iba Menelao á ponerle en manos del escudero, para que lo llevara á las veleras naves aqueas, cuando Agamenón corrió á su encuentro y le increpó diciendo:

55 «¡Ah bondoso! ¡Ah Menelao! ¿Por qué así te apiadas de los hombres? ¡Excelentes cosas hicieron los troyanos en tu palacio! ¡Que ninguno de los que caigan en nuestras manos se libre de tener nefanda muerte, ni siquiera el que la madre lleve en el vientre, ni ese escape! ¡Perezcan todos los de Ilión, sin que sepultura alcancen ni memoria dejen!»

61 Así diciendo, cambió la mente de su hermano con la oportuna exhortación. Repelió Menelao al héroe Adrasto que, herido en el ijar por el rey Agamenón, cayó de espaldas. El Atrida le puso