Página:La bolsa de huesos - Eduardo L. Holmberg.pdf/81

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—«¿Buscas algo?»-preguntó el Doctor Varolio.

—«Absolutamente. Ha sido un movimiento casi instintivo. Dime una cosa ¿fué siempre sano este jóven?»

—«Muy sano.»

—«¿Ningun microbio travieso?»

—«Jamás.»

—«Vamos á examinarlo un poco. Me llama mucho la atencion, como debe llamarte á tí, la circumstancia de que los fenómenos nerviosos estaban presididos por ciertos nervios de la base del cerebro y de un modo perfectamente simétrico, como si la causa determinante hubiera sido electiva ó hubiese estado localizada en ellos. ¿No te parece?»

—«Es verdad.»

—«Y hay esto, además. En los datos que me has comunicado, faltan por completo los de un carácter cerebral puro.»

—«Eso ha sido observado, y precisamente por tal motivo me incliné á pensar que la causa. de la muerte estaba én el corazon, y nó en el cerebro.»

—«Eso es.»

El Doctor Varolio separó una colcha y una sábana, y el cuerpo quedó visible, sólo con la camisa.

Ni un rasguño, ni una cicatriz, ni una mancha en aquel cuerpo jóven.

Examinamos el pecho. Fuerte y bien constituido.

Pero, al llegar al costado izquierdo, me pareció que había una raya, como cicatricial. Lo dimos vuelta