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Página:Las Fuerzas Extrañas.djvu/47

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LAS FUERZAS EXTRAÑAS

que las fieras se desbandaban buscando abrigo bajo los escombros.

Llegamos á la bodega, no sin que nos alcanzaran algunas chispas, y comprendiendo que aquel nuevo chaparrón iba á consumar la ruina, me dispuse á concluir.

Mientras mi compañero abusaba de la bodega —por primera y última vez, á buen seguro— decidí aprovechar el agua de la cisterna en mi baño fúnebre; y después de buscar inútilmente un trozo de jabón, descendí á ella por la escalinata que servía para efectuar su limpieza.

Llevaba conmigo el pomo de veneno, que me causaba un gran bienestar, apenas turbado por la curiosidad de la muerte.

El agua fresca y la obscuridad, me devolvieron á las voluptuosidades de mi existencia de rico que acababa de concluir. Hundido hasta el cuello, el regocijo de la limpieza y una dulce impresión de domesticidad, acabaron de serenarme.

Oía afuera el huracán de fuego. Comenzaban otra vez á caer escombros. De la bodega no llegaba un solo rumor. Percibí en eso un reflejo de llamas que entraban por la puerta del zótano, el característico tufo urinoso... Llevé el pomo á mis labios, y...