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MUSEO NACIONAL DE BUENOS AIRES

 Estos muros no pueden nunca haber sido muy altos. El terreno no contiene piedras del mismo tamaño de las de los muros y las piedras derrumbadas deben en general haber quedado al pie de los muros de que habían formado parte. En las cercanías no existe ninguna construcción moderna, para la cual se pudieran haber utilizado las piedras de las ruinas. Por consiguiente es fácil calcular la altura originaria de los muros por el número de piedras sueltas que se encuentran a sus lados, y este cálculo da como resultado una altura de más o menos un metro solamente. Esta circunstancia induce a suponer que los muros constituían sólo la parte inferior de las paredes de las habitaciones, siendo su parte superior compuesta de un armazón de madera cubierto de paja o de cueros. El techo debe también haber sido hecho de uno u otro de esos materiales. Una gran parte de las ruinas del noroeste argentino dan lugar a reflexiones análogas.


 Lo que muy especialmente llama la atención en las ruinas de Tinti son los sepulcros cilindricos, semisubterráneos, adjuntos a casi todas las viviendas. En el plano figura 1 se ven dos de estos sepulcros, A y B, construidos en pirca, como los muros de las habitaciones y recintos, pero con más prolijidad. Su piso está cubierto de piedras planas y los muros también están revestidos interiormente con piedras planas que forman un cilidro interior en el cual se hallan los cadáveres. Este cilindro está cubierto con una piedra plana. Los cilindros interiores tienen unos 70 centímetros de altura; el diámetro interior del sepulcro A es de un metro y el del sepulcro B de 65 centímetros. Las piedras planas que sirven de tapas a las sepulturas están a algunos centímetros sobre el nivel del suelo, y el muro cilindrico lo sobrepasa en unos 30 centímetros. El sepulcro A contenía dos esqueletos y el B uno solo, pero tan mal conservados que los huesos se deshacían en polvo al tocarlos, lo que igualmente sucedía en otros sepulcros de la misma clase, que cavé. Se podía constatar que los cadáveres habían sido enterrados en posición sentada. En los sepulcros había numerosos fragmentos de pequeños platos y escudillas, seguramente depositados allí con alimentos para los muertos. Como las tumbas se encontraban intactas, estos vasos sin duda habían sido rotos por la presión de la tierra.

 Una calle principal, ancha, formando amplia curva, atraviesa el pueblo de Tinti. De un lado y otro de esta calle se encuentra una fila casi ininterrumpida de viviendas y recintos semejantes a la construcción que acabo de describir. Tras estas filas hay muchas otras viviendas parecidas, situadas a alguna distancia unas de otras,