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El modelo millonario
evitan esta fiebre hoy día. Pero era también un artista, y los artístas, por el contrario, son muy raros. Personalmente, él era un hombre raro y rudo, pecoso y de barba maltratada. Sin embargo, cuando tomaba el pincel, se convertía en un maestro, y sus cuadros eran ansiosamente buscados. Él había estado muy atraído por Hughie al principio, pero hay que decirlo, solo en lo referente a su personal encanto. «La única persona que un pintor debería conocer», solía decir, «es a la gente tonta y bonita, de ésas que son un placer artístico cuando se admira, y un descanso intelectual a la hora de hablar. Los hombres bellos y las mujeres encantadoras deberían gobernar el mundo, o al menos, deberían hacerlo.» Sin embargo, después de conocer a Hughie mejor, le cayó tan bien por sualegría, su espíritu impulsivo, su generosidad, y su imprudencia natural, y le había dado acceso permanente a su estudio.
Cuando Hughie llegó, encontró a Trevor realizando los retoques finales a una pintura de tamaño natural de un mendigo. Éste se encontraba de pie en una plataforma levantada en un rincón del estudio. Era un hombre viejo y arrugado, cuyo rostro era semejante a un pergamino, y poseía una expresión muy lamentable. Sobre sus hombros portaba una capa gruesa de color marrón, llena de desgarrones y hoyos, sus botas gruesas estaban remendadas e improvisadas, con una mano se apoyaba en un