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Página:Los asadores en sopa.djvu/19

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ANDERSEN.

despues de declararlo bueno todo lo más para los hombres, ordenó que algunas ratas se quemasen el rabo, para que hubiese un agradable olor de socarrina.

« Pero ¿no habia prometido algo más el genio? preguntó el rey.

— Sí, respondió la rata, y cumplió su palabra. Es otra sorpresa del más grato efecto.

« Las violetas, dijo, es para la vista y el olfato, ahora voy á darle algo para el oído. »

Y la ratita tornó el asador. Las flores habian desaparecido. Se puso á menearlo como una batuta y á llevar el compas. ¡Qué música más singular la que resonó! No eran los acordes divinos que llenaron el bosque durante el baile de los genios; eran todos los ruidos imaginables que pueden producirse en una cocina. Las ratas se volvían oídos.

Se oia el chisporrotear de los sarmientos, el ronquido del horno, el hervor de la sopa, el chirrido de la grasa, el ruido continuo de un pedazo de carne que se asa. De pronto se habla dicho que una bocanada de aire acababa de activar el fuego, de modo que las cacerolas se derramaron, y lo que cayó sobre las ascuas produjo gran ruido. Luego, un silencio completo. Poco á poco, comenzó un ligero rumor, como un canto suave y las limero; el agua hervía, paulatinamente, hasta que hirvió á borbollones. Las