Página:Los ladrones de Londres.djvu/46

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Noé Claypole que era la vez famélico y vicioso creyó pasar mejor el tiempo hostigando y atormentando al jóven Twist. En efecto, empezó por poner los pies sobre los manteles, tiró los cabellos de Oliverio, le pellizcó las orejas, le insinuó que era un maulon y llegó hastafá manifestar el placer que tendria en verlo colgar un dia de la horca. En suma, no hubo maldades que no pusiera en ejercicio contra ese pobre muchacho haciendo con ello honor á su natural perverso de niño de la caridad que era. Pero viendo que todo esto no producía el efecto que esperaba, que era hacer llorar á Oliverio, cambió sus baterías y para hacerse aun mas gracioso hizo lo que hacen muchas almas de cieno personas mas encopezadas que Noé cuando quieren hacerse el mono; lo atacó personalmente.

— Expósito! dijo — ¿cómo se encuentra tu mamá?

— Ha muerto. respondió Oliverio. ­­Os ruego no me hableis de ella!

Al decir esto un vivo encarnado apareció en el rostro del niño, su respiracion se hizo dificultosa, hubo en sus labios y en sus narices un juego estraño que el Señor Claypole tomó por el preludio de unas fuertes ansias de llorar. Poseido de esta idea, volvió á la carga.

— Y de que ha muerto expósito? — preguntó.

— De pesar! Esto al menos es lo que me han dicho algunas viejas de la casa de caridad―repuso Oliverio mas bien dirijiéndose a sí mismo que respondiendo a Noé — Adivino azás lo que es morir de pesar.

— La titiridon, la titirindaina! — gorgeó Noe viendo rodar una lágrima en la megilla del niño. — Vaya... que es lo que te hace lloriquear ahora?

No nos al menos! ―replicó Oliverio pasando su mano con rapidez sobre su mejilla para enjugar una lágrima prócsima á caer. ­— No penseis que seais vos!

— Nunca jamás he pensado ni pensare tal cosa! — repuso Noé con aire chosarrero.